viernes, 15 de junio de 2018

Booktag del mundial - Colombia 🇨🇴

No soy de hacer Tags, pero cuando Juliana Zapata (la booktuber más importante de Colombia) me comentó la idea, no pude más sino decir sí. ¿Por qué? Unir a influenciadores digitales de diversas plataformas, sin importar su nacionalidad o cantidad de seguidores, con el único objetivo de dar a conocer la literatura de su país es una iniciativa loable y muy bonita, de esas que deberían verse en mayor cantidad.

La idea de esta actividad es contestar a cinco preguntas relacionadas con fútbol (tema que tampoco está entre mis favoritos), cuyas respuestas deben ser autores y libros del país de quien haga el Tag. Yo, Esteban Parra, soy de Colombia. Los invito a conocer un poco más de lo que se escribe en mi país.




Los best sellers llevan en su espalda un yugo tremendo, y es el de considerar que la calidad de su contenido es muy baja. Sin temor a equivocarme, puedo decir que ningún autor colombiano vende tanto en su país como lo hace Mario Mendoza. Este hombre es todo un fenómeno literario, un creador de lectores como pocos, un apasionado por su trabajo y defensor del poder que tienen los libros para cambiar lo que somos como sociedad. Sus lectores lo aman, hacen filas eternas cargando muchas veces más de cinco libros para que su autor favorito se los firme y entienden de manera perfecta el mensaje que Mario intenta transmitir con lo que hace.


Pero del lado contrario, del costado de los académicos y puritanos de la literatura, lo que hace Mario Mendoza es poco respetado y sumamente sobrevalorado.

Por mi parte, considero que los libros que he leído de este autor son entretenidos, te dejan pensando y su narrativa te mantiene pegado a lo que te está contando. Puede que su trabajo no sea el mejor y que nunca gane un Premio Nobel (busquen lo comentarios que muchos literatos hicieron frente a la entrevista que El Espectador le hizo a este autor en el marco del lanzamiento de su libro "Diario del fin del mundo"), pero muy, muy pocos pueden crear una conexión tan fuerte con tantos lectores como lo ha hecho este hombre. Mario Mendoza es un gigante y todo lo que ha logrado en su carrera es completamente merecido.




En este espacio no voy a hablar de uno, sino de varios autores que están realizando muy buen trabajo y necesitan de mayor difusión y apoyo.

La sensibilidad de Margarita Arenas (Donde guardas tus miedos, La Morpho, Vivir con veneno), la pulcritud y capacidad narrativa de Álvaro Robledo (Nada importa, Que venga la gorda muerte, Final de las noches felices, El mundo no nos necesita), la versatilidad de Andrés Mauricio Muñoz (Te recorde ayer Raquel, Desasosiegos menores, Hombres sin epitafio, Un lugar que rece Adela, Hay días en que estamos idos) y la imaginación de Valentina Toro (Las peripecias de Violeta, Violeta y el pincel encantado, El pájaro de ébano, Los niños imaginarios).

Foto tomada de La Opinión.

Para cerrar, no podía faltar un autor que es tremendamente conocido en el ámbito juvenil nacional (especialmente en colegios), pero que debería tener un impacto mucho mayor del que tiene a nivel internacional: mi amigo Antonio Ortiz (Maleducada, La extraña en mí, Silencio prohibido, Lo que nunca te dije).




En esta pregunta voy a dar una respuesta doble. Estos dos personajes son autores autopublicados. Estos dos personajes han imaginado un universos bien particulares e interesantes, con tintes de ciencia ficción y bastante futuristas. Les hablo de Tewalos Doduar (Digisteam) y William Deneuve Scott (Tiamat). Este par de señores tienen una imaginación bárbara, que necesita un poco de trabajo y pulir ciertas cosas, pero que deja claro lo que se puede producir en nuestro país en esta materia.


Como bonus no podían faltar los ganadores del Japan International MANGA Award como el mejor cómic del 2017. Pablo Guerra y Henry Díaz crearon "Dos Aldos", una novela gráfica bicromática en donde un triángulo amoroso se desarrolla en medio de un mundo con asombrosos avances genéticos. Orgullo nacional. 

Como bonus no podían faltar los ganadores del Japan International MANGA Award como el mejor cómic del 2017.




No, no voy a hablar de Gabo. En este apartado quiero reconocer el trabajo de otro Gabriel. Quienes lo hemos leído y lo hemos escuchado hablar, sabemos el poder que tienen sus palabras, y no solo por su voz gruesa y penetrante, sino por lo significativo de discurso. 

Tomada de la BBC.

El internacionalmente premiado Juan Gabriel Vásquez (cosa guapa y bien hecha), ganador del Premio Alfaguara en el año 2011 y del International IMPAC Dublin Literary Award en 2014 por su libro "El ruido de las cosas al caer", habla de su obra como un reflejo de la realidad, de la violencia y la indiferencia que permea la historia de países como Colombia.

Leernos es una buena manera de conocernos. Quizá si nos conocemos mejor seamos capaces de hacer de este un país diferente.




Y no, aquí tampoco voy a hablar de Gabo. Hay un autor al que quiero, respeto y admiro sobremanera. Hace unos años nos dejó, pero su inmensa y diversa obra está ahí, esperando a que la descubramos. El maestro Fernando Soto Aparicio es uno de los escritores más prolíficos de nuestro país. La versatilidad de su producción literaria es asombrosa (desde la poesía hasta el ensayo, hay de todo para todos), destacando el impacto que han tenido sus historias entre los más pequeños.


Sin duda alguna su novela más reconocida es "La rebelión de las ratas", en donde habla de la injusticia social que continúa carcomiendo los cimientos de nuestra sociedad. Leerlo es el mejor homenaje que podemos hacerle a este caballero de las letras.


Y bueno, aquí termina este Tag. Espero que esta entrada haya servido para que conozcan un poco más de lo que se escribe en Colombia. Ojalá la próxima vez que vayan a una librería, le den una oportunidad a las voces de este país... Les aseguro que tienen grandes cosas por contarles.

martes, 5 de junio de 2018

Reseña: El presidente ha desaparecido - Bill Clinton y James Patterson

Desde nuestra posición privilegiada como espectadores resulta fácil juzgar y emitir juicios a diestra y siniestra, la mayoría de las veces sin conocimiento de causa, sin el mínimo razonamiento, sin una pizca de mesura. ¿Imaginan lo que se sentirá levantarse todas las mañanas y saber que bajo tu responsabilidad está el presente y el futuro de un país entero? ¿Qué cualquier decisión que tomes, por buena o mala que parezca, vendrá acompañada de críticas (e insultos) por montones? ¿Qué una palabra que pronuncies podría cambiar el rumbo de la historia de millones de personas?

Bill Clinton sabe muy bien lo que es eso. Fue elegido muy joven como presidente de la nación más poderosa del mundo en 1993 y reelegido en el cargo en 1997. Durante sus dos periodos como mandatario defendió el medio ambiente, trabajó por la generación de empleo y logró el equilibrio presupuestal de su nación. Pero no todo fue color de rosa. Entre otras cosas, Clinton tuvo que hacer frente a conflictos armados como los de Kosovo y Bosnia, dirigir el bombardeo a Irak en 1998 y se vio envuelto en un escándalo sexual con una becaria.

Hagamos una pausa. Cierra los ojos y visualízate por un segundo como el presidente de los Estados Unidos de América. Estás en tu oficina y la jefa de gabinete pide permiso para entrar. Su rostro indica que no hay buenas noticias. El equipo de seguridad informática ha identificado un virus en el sistema. Un virus contra el cuál no pueden hacer frente todavía. Un virus que podría poner en jaque a la superpotencia más grande del planeta.

¿Quién más sino una persona que ha sentido sobre sus hombros una presión comparable sería la adecuada para contarnos una historia con esta premisa? Bill Clinton trabajó de la mano con James Patterson (mundialmente famoso por sus novelas de suspenso y, seguramente, el autor más vendedor de la historia) en “El presidente ha desaparecido”, un thriller político que, sin duda, solo un presidente podía escribir.


Desde la primera página de este libro, el presidente Jonathan Lincoln Duncan (el protagonista) nos invita a entrar en la Casa Blanca y conocer en detalle muchas de las cosas que allí se viven, y que posiblemente se vivan en la realidad. Las casi 600 páginas de esta historia están llenas de declaraciones políticas álgidas frente a temas tales como el manejo de un problema de seguridad nacional, la confianza en medio de la crisis, afrontar a un congreso opositor, jugar fichas de manera estratégica para salvaguardar la integridad del gobierno, las comunicaciones frente a la prensa y su buen o mal quehacer (especial atención al tema de las fake news), el control de la opinión pública y los riesgos del fraude electoral entre otros temas que se presentan en esta novela. Al estar las manos de Bill Clinton involucradas en la escritura de este libro, será permanente hacer conjeturas sobre qué tanto de certeza hay en lo que se está contando, qué situaciones de lo que pasó este presidente durante su mandato están reflejadas entre estas letras y qué referencias personales se van realizando en cada paraje.



La participación del expresidente en la creación de esta historia es, sin lugar a duda, un elemento diferencial bárbaro que colma de inquietudes al lector, que hace que todo lo que se cuenta se sienta más fuerte y que llena los capítulos de este libro de un misterio de fondo que permea por completo al que se trata de solucionar con el paso de los capítulos. Qué tan apegadas a la realidad son las situaciones que se narran en este libro es algo que nunca sabremos, pero la presencia de Clinton deja plantada esa semilla de duda que servirá para que muchos lectores quieran adentrarse en esta novela.

La labor del exmandatario no se queda allí, pues es claro que con el presidente Duncan la intención es humanizar a quienes ostentan cargos de este calibre y hacerle ver a la gente que, a pesar de los títulos y las responsabilidades que tengamos, todos seguimos siendo seres humanos que estamos sujetos a ver cómo un ser querido fallece, a padecer cualquier tipo de enfermedad, a sentir miedo y no saber qué hacer ante uno u otro suceso.


James Patterson y Bill Clinton para The Guardian.

Un ciberataque es el detonante de la intriga bajo la cual se desarrolla de manera agradecidamente cinematográfica esta novela, y esto permite que los autores aborden un par de temas que me parecen sumamente importantes como lo son los nuevos escenarios de confrontaciones trasnacionales y la hipotética crisis a la que se vería abocada la humanidad ante la desaparición de internet y nuestro regreso a la Edad Media. Con la llegada de la tecnología y los avances que se han generado en la materia, la realidad de todo y de todos ha mutado tremendamente, modificando de manera drástica nuestras necesidades, nuestros mecanismos de interacción y nuestra forma de vida. Las consideraciones que se hacen en este libro al respecto de estos asuntos son sencillas, pero van al punto: dejar pensando al lector en un futuro virtualmente posible.

Casi 600 páginas pueden parecer mucho, pero no lo son en absoluto cuando nos encontramos con un thriller creado para ser un éxito como lo es este. James Patterson es un consolidado autor bestseller y parece tener clara la fórmula para que cada cosa que escribe se convierta en un éxito. “El presidente ha desaparecido” cuenta con 128 capítulos, muchos de ellos con apenas dos páginas de extensión, todos con cierres en punta que te mantendrán ansioso por saber qué viene, con frases cortas pero poderosas, con diálogos precisos, con apuntes ingeniosos y con fuerte sujeción a la realidad que se vive actualmente… Si a eso le sumamos algunas persecuciones y tiroteos muy emocionantes, un traidor omnipresente, un país convulsionado, una cuenta regresiva, una asesina misteriosa y una serie de decisiones trascendentales, no podemos esperar otra cosa más que una lectura sumamente entretenida.



Con una narración en primera persona, el presidente Duncan nos hace partícipes de los cinco días más duros de lo que va de su gobierno, lapso en el cual tendrá que enfrentarse a situaciones que jamás espero y deberá poner a prueba a todo y a todos a su alrededor, incluso a sí mismo. En medio de esa narración nos encontraremos con parte de su equipo de trabajo, miembros de su familia, personajes importantes del panorama político internacional, terroristas de talla internacional y hackers en la capacidad de inmiscuirse hasta en el sistema más seguro. La voz de Duncan de vez en cuando da paso a una invitada llamada Bach, una asesina a sueldo tremendamente enigmática, sagaz, amante de la música clásica y con una historia que la ha llevado al lugar en el que está. Lamentablemente tuve un problema con ella, o más bien, con lo desaprovechado que sentí el manejo que los autores le dieron a su papel en la novela. Ya ustedes me contarán qué piensan al respecto cuando la conozcan.

No puedo terminar esto sin recomendarles que le presten especial atención al capítulo final de esta obra, a la importancia de las palabras que allí se encuentran y a la relevancia del mensaje que ellas esconden.


“El presidente ha desaparecido” no es una novela que los críticos vayan a alabar por su alta calidad y en ningún momento pretende serlo, porque desde el primer momento queda claro que Bill Clinton y James Patterson crearon una historia entretenida, emocionante, sencilla y apta para todo tipo de público. Un thriller dinámico, lleno de acción, suspenso, intrigas y con un misterio bien argumentado (aunque su resolución la vi venir en el primer tramo del libro). Una invitación a ser más críticos y responsables en nuestro ejercicio ciudadano. Les aseguro que será imposible no hacer paralelos entre todo lo que se cuenta y todo lo que vemos pasar día a día frente a nuestros ojos.

Pdta. 1. Muy acertada la fuerte presencia femenina en el grupo de gobierno del presidente Duncan. Importante mensaje.

Pdta. 2. Cuando uno lee este libro es imposible no imaginárselo convertido en una producción audiovisual. La buena noticia es que Showtime ya adquirió los derechos para convertirlo en una serie. MUERO por verla.


Pdta. 3. A mano. Así fue el intercambio y la revisión del manuscrito por parte de los autores, ya que Bill Clinton no es muy cercano al correo electrónico.

jueves, 24 de mayo de 2018

Reseña: Retrato de niños con bayonestas - Jairo Buitrago

En 1824 llega el primer acercamiento a la fotografía. Niépce obtenía imágenes gracias al betún de Judea expuesto por varios días sobre una placa de plata. Han pasado casi 200 años desde ese momento y la fotografía ha evolucionado notoriamente, pero en el fondo el ejercicio de capturar la vida sigue siendo el mismo. Retratar esos instantes en que somos felices, en que hemos logrado alcanzar un objetivo por el que trabajamos arduamente, en que sonreímos de manera sincera o impostada por la necesidad de la ocasión, o en que compartimos con nuestros seres queridos. Pero la fotografía también ha servido para dejar evidencia de los grandes momentos de nuestra historia, de la barbarie de la que somos capaces, de la indolencia que permea la violencia, de los rostros que se transforman ante la crueldad humana.

Registro fotográfico publicado por la Revista Credencial en su edición N° 12 de diciembre de 1990.

Tres niños con seriedad y tristeza marcadas en su rostro, disfrazados con trajes militares (sí, disfrazados, y no me estoy burlando, porque los niños no deberían ocupar este tipo de papeles), cargados con bayonetas y una corneta fueron inmortalizados en 1902 por un fotógrafo anónimo y su cámara de fuelle en las horas en que la Guerra de los Mil Días (quizá la contienda civil de mayor magnitud en la historia colombiana) agonizaba.

Esta fotografía expuso la indolencia de una contienda que dejó miles de muertos, un país prácticamente destruido, una economía enclenque y un futuro endeudado. La imagen de estos tres niños cuya actitud contrastaba con la alegría de los soldados que se vislumbran de fondo fue la inspiración del escritor nacional Jairo Buitrago para escribir “Retrato de niños con bayonetas”, título editado por Panamericana Editorial e ilustrado por Mónica Betancourt.


Aquí nos encontramos con la historia de una profesora que, buscando material para su clase, se encuentra con la imagen de estos tres niños y decide presentársela a sus alumnos con el objetivo de explicarles una problemática tan álgida y complicada como la guerra.

Este pequeño gran libro nos remite al pasado, al reconocimiento de un hecho que partió lo que somos como país y como sociedad para analizar así mismo nuestro presente, la manera en que lo entendemos y los mecanismos mediante los cuales podemos ayudar a que las nuevas generaciones comprendan las consecuencias de la violencia.

Este relato nos muestra cómo la guerra nos transforma, cómo cambia lo que somos y lo que seremos, y deja cicatrices imborrables en nuestro futuro. Al mismo tiempo nos lleva a cuestionar nuestro papel frente a las víctimas y el devenir de quienes participan en conflictos de este tipo.


El apartado gráfico de este libro toma provecho del sepia para crear una atmósfera de pesadumbre y nostalgia que le suman tremendamente a lo que se narra con palabras; ambos van de la mano y se nota que trabajan por un mismo objetivo.

Otro elemento importante de esta obra es que puede convertirse en un punto de interés para que los más pequeños se interesen en conocer la historia de su país, los hechos que lo marcaron y comprometerse con procesos que permitan construir una sociedad más tolerante y empática.

“Retrato de niños con bayonetas” es un libro duro, pero pertinente para apoyar el proceso de entendimiento de lo que es la guerra, sus causas y efectos, especialmente en un periodo histórico como el que vivimos en nuestro país, en el que la paz, el perdón y la reconciliación requieren una responsabilidad enorme de nuestra parte, pues los cambios de una nación no se producen solo con la firma de un documento.

Pdta. Gracias infinitas a mi amiga Camila Melo por este acertado regalo.