martes, 12 de diciembre de 2017

Reseña: Atala y Elisa - Elisa Estévez


Estaba en tercer semestre de la universidad, participando en un evento sobre políticas públicas en una institución académica diferente a mi alma mater. En ese momento debatíamos sobre las medidas de protección financiera que estaba tomando el gobierno colombiano para solventar la crisis económica que se estaba viviendo en el mundo entero, las cuales, debo decir, fueron muy buenas. Un docente de administración pública, de unos 60 años, se puso de pie algo enojado y pidió la palabra. “Ustedes, muchachitos, no deberían estar aquí hablando de política, sino en otro lado, hablando de temas que les interesen a ustedes”.

El poder de los jóvenes siempre ha sido desestimado, para muchos el aporte que los jóvenes pueden dar es inexistente, y las soluciones que los jóvenes aportan no deben ser tenidas en cuenta. Pero ¿les digo algo? Millones de jóvenes alrededor del mundo están trabajando por cambiar su entorno, por cambiar la realidad que sus antepasados construyeron, por sentar un precedente y hacer sentir su voz, esa voz revolucionaria que no se cansa, que resiste, que es incansable en la consecución de sus objetivos. Esa voz que sabe que debe ser escuchada.

Fotos de Colprensa y Grupo Editorial Planeta en la ceremonia del Premio de Novela Jóvenes Talentos 2017.

Elisa Estévez Chacín tiene 17 años, empezó a escribir “Atala y Elisa” en enero del 2017, libro que meses después terminó siendo el ganador del Premio de Novela Jóvenes Talentos del mismo año, convocatoria organizada por la Librería Nacional de Colombia y el Grupo Editorial Planeta. Elisa dejó el colegio a los 15 años, para enfocarse en ella misma y en lo que quiere ser en un futuro. Amante de la inventiva de Michael Ende (un jodido genio, nada que hacer) y de los libros de papel, esta bogotana fue elegida entre más de 100 propuestas de jóvenes de menos de 19 años por la naturalidad de su historia, la contundencia de su narrativa y el estilo implícito en su obra.

Desde el preciso instante en que vi la publicidad de este premio, esperaba con ansias poder leer la novela ganadora, por eso la compré en cuanto estuvo en el mercado (afortunadamente esto ocurrió en época de Black Friday y pude hacerme con un descuento bastante interesante), y me planteé leerla cuanto antes. Y sí, así lo hice, ayer a eso de las 7 de la noche lo empecé y, curiosamente, no pude parar de leer hasta terminarlo a las 2 de la mañana del día de hoy.


“Atala y Elisa” es el monólogo de una chica llamada Atala, quien es amante de la lectura y el arte, fanática de los animales (creo yo que especialmente a los gatos) y de las charlas inteligentes (así ella no las entienda en muchas ocasiones), y que dejó el colegio para dedicar tiempo a sus pinturas y a los trabajos como ilustradora que fueron surgiendo. Atala, como todos nosotros, se cuestiona constantemente sobre la vida que lleva, sobre las cosas que la rodean y sobre los sentimientos que la tocan día tras día.

Cuando abrí el libro pensé que iba a encontrarme con una historia de tintes juveniles contemporáneos, con algo muy en la onda de las obras que plagan el mercado en la actualidad… pero no, la cosa fue muy distinta. Elisa Estévez cuenta con una narrativa madura, que explora los rincones de la humanidad y de su entorno sin temor alguno, que juega y se arriesga en la construcción de la historia.

Este libro, tal como lo dice la autora, es una especie de autobiografía, y eso se siente desde la primera página, pues más que una lectura, “Atala y Elisa” es una conversación sin muros, sin trabas, un coloquio profundo y sincero, una charla sobre los sueños y la realidad, una plática con una mujer de 17 años que tiene miedo, que tiene metas, que muchas veces no sabe qué hacer, y muchas otras hace las cosas de manera equivocada.

En los momentos en los que Atala duerme, alguien despierta para vivir en sus sueños. Elisa también es una joven de 17 años, muy parecida a Atala, quizás es una especie de alter ego, o quizás es eso que Atala siempre quiso ser, tal vez es eso que no se atreve a mostrar. Esas conversaciones en medio de largos parpadeos entre estos dos seres humanos sirven de manera perfecta para mostrar lo que pasa y lo que se anhela, esa delgada línea entre lo que sucede y lo que se queda en nuestro pensamiento, esa coyuntura entre lo que pensamos, pero no hacemos, y lo que hacemos sin pensar.


El trayecto por las 201 páginas que componen este libro se convierte en un viaje por el interior de un ser humano en plena transformación, en el estudio sociológico de una generación en la cual la soledad es el común denominador, en un ensayo sobre la juventud y el miedo al horizonte. Atala nos abre las puertas de su vida y de su oscuro cuarto para conocer las cosas que le pasan en su casa, en su colegio, en las clases universitarias a las que es invitada, en las librerías que visita, en los libros que ha leído y en los que la esperan disgustados en su biblioteca, en las palabras de los escritores que la inspiran, en los viajes mágicos en Transmilenio que hace de vez en cuando, en la maravillosa disertación de una cotidianidad que no conoce, en la disyuntiva de lo que quiere ser y de lo que se atreve a ser.

“Atala y Elisa” es una ópera prima que no lo parece; una novela sencilla, madura y valiente; una historia íntima y sincera con la voz de una joven con la cabeza siempre llena de cosas; un conjunto de pensamientos delicioso, inteligente y bien estructurado; una mirada introspectiva y también externa; un viaje por el arte visual y escrito de un sueño que empieza a hacerse realidad; la carta de presentación de una escritora a la cual espero leer de nuevo muy pronto.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Reseña: The power - Naomi Alderman

Tomada de www.theskinny.co.uk

La historia que el ser humano ha escrito se encargó de colocar al hombre en una posición privilegiada. Las religiones predominantes en el mundo tienen a un hombre como su imagen a seguir. La naturaleza dotó al hombre de mayor fuerza física (debido a ciertas características en su anatomía). El hombre ha ocupado (y ocupa) los puestos de dirección de los estamentos de gobierno y las corporaciones más importantes del planeta. Esto es una argumentación breve y sucinta, quizás algo básica, pero que de algún modo sirve para entender la sociedad patriarcal en la que vivimos.

Con el pasar de los años, las mujeres, y muchos hombres adeptos a su causa, han trabajado incansablemente para que ese escenario cambie y la realidad sea distinta, han promovido iniciativas para abolir este sistema, para que la igualdad de derechos sea una realidad. Sin embargo, muchos hombres y mujeres continúan legitimando la vertiente histórica que pone al hombre en la cima de la pirámide, dando aval a comportamientos machistas, acatando (o tergiversando) los mandatos de una religión, permitiendo que sus derechos sean desconocidos.


Pero ¿qué pasaría si algo hiciera que las mujeres dejaran de ser “el sexo débil”? ¿Qué pasaría si la naturaleza otorgara un don especial a aquellas que históricamente han sido relegadas a un lugar auxiliar por muchos hombres? ¿Qué pasaría si la pirámide que hemos cimentado se derrumbara de un momento a otro?

Esa es la propuesta de Naomi Alderman en “The power”, el protagonista de esta reseña. En este libro nos encontramos con la ocurrencia de un hecho que se convierte en un antes y un después en la historia de la humanidad, y es que un día específico las mujeres adolescentes se dan cuenta de que tienen la capacidad de producir electricidad con sus manos y de despertar esta habilidad en las mujeres adultas, lo que altera la cotidianidad del mundo entero, y hace que el orden imperante empiece a replantearse. La mujer tiene en sus manos (literalmente) algo que la pone en una posición capaz de cambiar todo como se ha visto hasta ahora.

Conocí de esta obra gracias a un post de novedades del blog La Nave Invisible, espacio dedicado a promover la literatura de ciencia ficción, fantasía y terror escrita por mujeres, y confirmé mis ganas de leerla cuando supe que tenía el espaldarazo de Margaret Atwood, quien la define como una novela electrizante, poderosa, y que nos dejará con la boca abierta.


“The power” tiene un narrador omnipresente que va transportándose a diferentes partes del mundo para mostrarnos las cosas que van pasando a medida que la humanidad se concientiza de lo que está ocurriendo y de cómo esto cambia por completo las cosas tal como se conocían. En esa narración conocemos a cuatro personajes, los cuales serán los encargados de vislumbrar los distintos escenarios que se construyen bajo este hecho trascendental: Roxy es una joven, hija de un criminal londinense, que es testigo del asesinato de su madre por lo que parece un ajuste de cuentas; Tunde (el único hombre) es víctima de los efectos de la nueva habilidad de las mujeres, lo que lo lleva a cambiar su mentalidad por completo, para asumir con esto un rol importante en la historia que empieza a escribirse; Margot es senadora en Nueva Inglaterra y tendrá que vivir toda esta revolución social desde una posición de poder, y con el permanente compromiso de proteger a toda costa a su hija Jocelyn; y Allie, una joven huérfana que ha pasado de hogar en hogar siendo víctima de la violencia y que convive con traumas y frustraciones por lo que ha sido su realidad.

El libro inicia con un “Faltan diez años”, y va avanzando con esta cuenta regresiva para mostrarnos las situaciones que van desencadenándose desde que las mujeres descubren este don, las repercusiones que esto tiene en sus vidas diarias, el modo en que las políticas públicas y los programas de gobierno se tienen que transformar, y las repercusiones que tiene en la religión el rol que empieza a asumir la mujer, entre muchas otras cosas. Este avance en el tiempo hacia ese misterio que solo conoceremos al terminar el libro, nos permite identificar las diferentes etapas de esta revolución social, los efectos humanos que ello genera, y la metamorfosis que experimenta el mundo por todo esto. Lo mejor del caso es que Naomi Alderman no es celosa en su visión sobre las cosas que pasan en el mundo que construye, sino que la describe al detalle para hacer que lo que trata de contarnos y transmitirnos cale profundamente.


Roxy, Tunde, Margot y Allie, los cuatro personajes principales de esta historia, son los encargados de mostrarnos las cosas que van pasando en esta línea de tiempo, los cambios que se van sucediendo durante esos 10 años, y las secuelas que lo ocurrido van dejando en sus vidas. Estos cuatro personajes tienen una característica en común, y es que todos, desde su espacio y su posición, sacan provecho del don que ha despertado en las mujeres, y han logrado transformar su vida a raíz de esto (para bien y para mal).

Esta convergencia tan certera entre los personajes y la historia, y el desarrollo que ambos puntos tienen, son sin duda alguna la mayor fortaleza de esta novela en lo que a su construcción se refiere, pues permiten vislumbrar lo que es la sociedad, lo frágil que puede llegar a ser ante los cambios que se generan, los roles que sus diferentes actores van asumiendo, y las repercusiones que todo esto tiene en la manera en que se tejen los hilos de nuestra realidad.

Pero lo más poderoso de esta novela es su mensaje central, ese que se condensa en la charla entre un par de escritores (Neil y Naomi) al inicio y al final del libro, como una especie de epílogo y prólogo, plagado de ironía y de verosimilitud, en donde se muestra a ciencia cierta lo que es el ser humano, y se concluye al respecto de nuestra realidad y de la planteada en el libro. Estoy convencido de que ese estatus de igualdad por el que muchos luchamos es el ideal que debemos perseguir, y por el que debemos trabajar constantemente.


No puedo terminar sin aplaudir la preciosa edición que Roca Editorial logró para este libro, tapa dura con sobrecubierta, colores fuertes, detalles contrastantes, e ilustraciones que potencian el componente histórico que plantea la narración. Sencillamente espectacular, de esa manera se enamora a un lector.

“The power” de Naomi Alderman, tal como la definió Margaret Atwood, es una novela electrizante y sorprendente. Un libro importante, cargado de emociones y de realidad, lleno de crudeza (mucha), de experiencias de todo tipo, de vivencias que marcan el destino, de hechos que toman decisiones. Una distopía feminista ambiciosa, un estudio superlativo sobre el poder y sobre las consecuencias socioculturales de un sistema humano que estratifica y que superpone los derechos de unos sobre los de otros. Lectura altamente recomendada.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Reseña: Los niños imaginarios - Valentina Toro

Siempre me ha causado curiosidad escuchar a padres, personas en la televisión, e incluso a mis primos y a varios de mis compañeros hablar de los amigos imaginarios. Yo me daba cuenta de que mi hermana hablaba con alguien en su cuarto mientras jugaba con sus muñecas, e incluso hace un par de años mi sobrina también tenía una amiga imaginaria.

Cuando yo era pequeño jugaba con mis hielocos, con mis canicas, con un cojín en forma cilíndrica al que le decía Dulce, y con una oveja llamada Pelusa, la cual podía rellenar con ropa o con espuma. Hubo días en los que me senté en mi cama, o en el sofá en el que dormía en ocasiones, y llamé a ese amigo que nunca se hizo presente. Lo más seguro es que él se dio cuenta de que desde muy niño fui bastante autónomo, de pocos amigos y de pocos juegos, y pensó que no lo necesitaba. Hoy me gustaría contarle que muchos días quise hablar con alguien, tener con quien jugar, porque la imaginación no siempre fue suficiente.

El caso de Lorenzo no es igual al mío. La muerte de su padre hizo que su mamá decidiera que lo más conveniente era mudarse a la casa de la abuela paterna, Flora, quien habitaba en una casa muy cercana a un bosque que parecía tener vida propia. En ese lugar, la vida de Lorenzo cambió por completo, y no solo por el misterioso bosque o por lo particular que era su abuela, sino por la aparición de los seres que le cambiarán la vida y que le dan el nombre al libro protagonista de esta reseña. En esta oportunidad vamos a hablar de “Los niños imaginarios” de la escritora colombiana Valentina Toro, publicado por Intermedio Editores.


Al igual que “El pájaro de ébano”, el anterior libro de Valentina, esta obra también está enmarcada dentro de lo fantástico, con un cierto toque del horror que tanto ama la autora. Bajo este halo se construye el camino de Lorenzo por el lugar en el que su padre creció, por las cosas que su progenitor vivió, por los secretos escondidos en la zona, y por las situaciones de las que el empezará a ser testigo y parte desde su llegada a la casa de su abuela Flora, un espacio que lo hará enfrentarse con sus mayores miedos, y empezar a visualizar de una manera diferente su futuro.

Lo primero que vale la pena mencionar es la notable evolución de la autora en su estilo de escritura, el cual se siente más pulido y acertado, cosa que se evidencia en lo que respecta a las descripciones, las cuales siguen siendo adecuadas, pero ahora no rozan lo excesivo, no llegan a ser pesadas en ningún momento, no cargan en extremo la lectura, sino que son suficientes para que nosotros como lectores nos encarguemos de pintar la escena por completo; en el mismo sentido podemos hablar del ritmo dentro de las pasadas 200 páginas de esta obra, el cual se mantiene de muy buena manera, sosteniendo la inquietud sobre las situaciones que se plantean, y el ánimo por seguir adelante hasta llegar al final. “Los niños imaginarios” no se siente ni muy corto ni muy extenso, sino justo para lo que cuenta.

Estamos frente a una novela juvenil (12 a 16 años) que fácilmente puede ser disfrutada por un adulto, por un adolescente, y por un niño en compañía de un adulto. La autora logra tocar temas sumamente álgidos y delicados como la pérdida de un ser querido, la adaptación a un nuevo lugar permanente, la actitud de los niños frente a los problemas de los adultos y viceversa, la soledad, entre algunos, sin complejizar la historia, sin hacer que la narración pierda el rumbo. Esto para mí fue lo más valioso, pues esta es una historia con mensaje, una historia que deja pensando, una historia que permite reflexionar sobre muchos temas, una historia que seguramente nos hará entender muchas cosas y ser tolerantes con algunas otras.


Pero esta aventura no sería nada sin sus protagonistas, y vale la pena hablar un poco de ellos. Lorenzo es un personaje superior, de esos que se hacen indelebles en nuestra memoria, cargado de ternura, de inteligencia, de las preguntas propias de su edad, de miedo hacia lo desconocido, pero aún así muy valiente. La abuela Fátima es un ser misterioso, cómico, sabio y que puede ver más allá de lo que los demás notan. Los niños imaginarios son sencillamente increíbles, astutos, sagaces, temerosos pero decididos, comprometidos con sus objetivos, y terriblemente impertinentes; no puedo dejar de hablar de Aurora, un ser sorprendente, una niña imaginaria clave en el desarrollo de la historia, y de quien espero se enamoren tanto como yo. La obra cuenta con un grupo de personajes en el cual se nota el crecimiento, el impacto de las cosas que van sucediendo, las cicatrices de lo vivido, y eso es algo que valoro mucho.

Y en este mismo sentido, a medida que fui leyendo aprecié puntos de encuentro con un clásico de literatura universal como lo es “Peter Pan”, pero no porque se trate copiar ni mucho menos, sino porque le rinde un homenaje válido, respetuoso, que denota el amor que seguramente la autora siente por esa historia que ha inspirado a cientos de miles a mantener los valores de la infancia y jamás olvidar a nuestro niño interior.

Además de escritora, la autora de este libro es una ilustradora portentosa, y en esta obra se entrega por completo. La parte gráfica de este relato potencia sobremanera la narración, hace parte de ella, genera una experiencia de lectura más rica, me hizo sentir mucho más dentro de la historia, y eso es algo sencillamente increíble. Ese camino que recorren las ilustraciones de Valentina Toro entre lo oscuro y lo enternecedor, es único y encantador. En serio, es imposible no enamorarse del trabajo de esta mujer.

“Los niños imaginarios” de Valentina Toro era un libro al que le traía medianas expectativas, pero que me sorprendió por completo, y de manera muy grata. Una historia llena de mensajes para la vida, de reflexiones frente a las situaciones difíciles, que resalta el valor de los recuerdos, de la familia, de aceptarnos como somos, entre muchas otras cosas más. Una muestra perfecta del poder que tiene una novela en donde lo escrito y lo gráfico van en un mismo sentido, y tienen la misma fuerza. Estoy seguro de que disfrutarán tanto como yo adentrándose en este particular bosque y corriendo junto a niños que andan en cuatro patas.