viernes, 17 de noviembre de 2017

Reseña: Toma tus problemas sin gravedad - Oscar Ospina (Mostropi)


Hay quienes aseveran que los sueños no pueden hacerse realidad, pero, con toda convicción, vengo a decirles que eso no es cierto. Hace algunos años una de las personas más importantes de mi vida me presentó a un osito y a un pollito que personificaban las situaciones por las que nosotros pasábamos día a día, y que cada uno a su modo nos representaba a nosotros. Desde ese instante me enamoré por completo de ese proyecto, se lo recomendé a un par de editores porque vi el potencial suficiente para llevar a ese par a las librerías, pero, afortunadamente para mí, esos editores lo dejaron de lado y me dieron la oportunidad de encargarme de esa tarea, y de esa manera hacer un sueño realidad.


Mostropi nació años atrás como una idea del ilustrador caleño Oscar Ospina, quien fue perfilando este proyecto, el cual encontró su centro con la llegada de Opi, un oso perezoso, comelón, tierno y cariñoso. Poco a poco fueron llegando más y más seguidores a las redes sociales de Mostropi, y estos empezaron a pedir a alguien más en el equipo, y fue así como nació Kipi, un pollito amante del ejercicio y de la comida saludable, ordenado hasta el cansancio y amoroso como pocos. Las aventuras de este par fueron tomándose Facebook e Instagram, y abriéndose paso en el mundo virtual en que nos movemos a diario.


¿Qué hace tan especial a estos personajes? Evidentemente lo tiernos y divertidos que son, pero más allá de eso, creo que lo parecidos que son ellos a cualquiera de nosotros. Opi es fanático de quedarse en cama hasta tarde, está inhabilitado para hacer dieta, protege a los que ama sin escatimar esfuerzos, tiene un sentido del humor bastante particular, es demasiado detallista, y trata de no ahogarse en un vaso de agua; Kipi disfruta ir al gimnasio, le gusta tener sus cosas arregladas, es bastante indeciso y ansioso, además de caprichoso y consentido… Estas son solo algunas de las características de cada uno de estos personajes, con las cuales podemos identificarnos sin ningún problema. Opi y Kipi son amigos, son pareja, son vecinos, son padre e hijo, son nieta y abuela… Ellos simplemente viven como cualquiera de nosotros, y ese es sin duda su punto a favor más grande. Son personajes animados, pero con grado de esa realidad bonita que tanto necesitamos para no perdernos en un mundo cada vez más caótico.

Un padrino orgulloso.

“Toma tus problemas sin gravedad” es el primer compendio de aventuras de este par inigualable (y espero que no sea el último), y definitivamente es el libro que he editado al que más cariño le tengo (los quiero a todos de un modo que no imaginan, pero este tiene un significado especial). Cada una de sus páginas es una muestra de que está permitido ser feliz, y que ese estado al que tanto tememos y que creemos inalcanzable, está más cerca de lo que pensamos, al alcance de las cosas pequeñas que nos pasan día a día.

Esto es solo una muestra de todas las cosas maravillosas que pueden encontrarse en mostropi.com

Opi y Kipi tienen un lugar especial en mi corazón, los rememoro en la mañana cuando tomo agua de panela en un mug que me recuerda que sonreír es gratis, pienso en ellos cada vez que abrazo sus réplicas de peluche a quienes he encomendado mi biblioteca, y les agradezco por recordarme que vale la pena soñar.

Para cerrar, los invito a hacer parte de este sueño que el equipo de Mostropi (Juliet y Oscar, los admiro como no imaginan), Ediciones B (ahora parte de Penguin Random House), el maestro Hache Holguín y este servidor preparamos con tanto esfuerzo y pasión, los elementos que generan las grandes cosas en la vida. Vayan a las librerías, abran un libro y ríanse un buen rato. Les aseguro que no se van a arrepentir.


Pd: Gracias infinitas a mi persona favorita del mundo por mostrarme a este par de compañeros que, sin saberlo, le dieron un sentido diferente a mi vida. Sí, los libros me cambiaron la vida, y parte de todo eso es gracias a ti.


jueves, 16 de noviembre de 2017

Reseña: La Biblia de los Caídos (Tomo 1 del testamento de Sombra) - Fernando Trujillo

Thot, un antiguo dios egipcio, fue el escritor del que, para muchos, es considerado el primer libro maldito o prohibido de la historia de la humanidad. “El Libro de Thot” contiene un compendio de información que muchos relacionan con la sabiduría del universo. Se dice que quien se haga dueño de este libro ostentará poderes inimaginables que lo convertirán en un ser todopoderoso.

El Necronomicón es una obra que, según los conocedores, esconde entre sus páginas cientos de misterios que podrían cambiar el orden del mundo en sí mismo. Se dice que en este texto prohibido se encuentran rituales para resucitar muertos, viajar en el tiempo, y hasta atravesar dimensiones.

La cienciología estalló como fenómeno mediático hace algunos años gracias a que personajes de reconocimiento público como Tom Cruise se alzaron con su bandera. Excalibur fue escrito por L. Ron Hubbard, el fundador de este movimiento religioso, y se dice que dentro de sus páginas se encuentra la respuesta a diferentes dudas existenciales que han rondado la mente de la humanidad desde su creación.

Estos son algunos de los libros que a lo largo de la historia han recibido el calificativo de malditos o prohibidos, pero que muchos buscan encontrar y comprender, sin importar las consecuencias que esto pueda acarrear. Ese es el caso de “La Biblia de los Caídos”, un libro que conocedores, religiosos, y seres de todo tipo y naturaleza, buscan incansablemente para propósitos muy variados, por lo que se dice que está consignado en sus páginas. Fernando Trujillo y Ramsey se han dado a la tarea de contarnos acerca de este misterioso texto, empezando por la historia del Gris, un ser sin alma que se dedica a realizar trabajos que su condición le permite desarrollar de mejor manera. Pero ahora llega la oportunidad de adentrarnos un poco más en esta enigmática historia, gracias a Panamericana Editorial, quien se decidió a dar a conocer el Tomo 1 del testamento de Sombra.


En el tomo cero nos encontramos con ángeles, demonios, niños malditos, hombres que podían cambiar de cuerpo, e incluso con seres sin alma; pero en esta segunda entrega de la reconocida saga de “La Biblia de los Caídos” el protagonista del relato es un vampiro que no transpira elegancia, pero sí mordacidad, sangre fría y sagacidad. Sí, este es un vampiro que vive en medio de los estereotipos que Bram Stoker y Stephenie Meyer (un extremo al otro) le han otorgado a esta especie, trabajando como el mejor asesino a sueldo de los últimos tiempos.

En medio de una Madrid arcana y oscura, vamos conociendo algunos detalles (me hizo falta un poco más de profundidad) de este particular personaje que se mueve de manera peligrosa entre el bien y el mal, y cuyas motivaciones vamos tratando y comprendiendo a medida que, con el pasar de las páginas, él mismo nos las va develando. Sombra es el centro de todo, el corazón del sistema nervioso.

Es plausible el modo en que Fernando Trujillo tiene mapeado todo el universo que se encierra en esta saga, el cual seguiremos descubriendo dentro de los siguientes tomos: hilando detalles, escondiendo secretos, dejando cabos sueltos, preparando giros inesperados, y conectando las vivencias de los personajes que de un modo u otro están relacionados con “La Biblia de los Caídos”.

La acción nuevamente se gana un lugar protagónico dentro de esta historia, aunque en cantidades más pequeñas (sí, no es posible pedir más acción en un relato de pasadas 150 páginas). Este elemento permite que, sumado al estilo narrativo que se apoya en la simpleza y la claridad, la lectura se haga de manera rápida, y que el proceso se disfrute.


Pero el aspecto que más disfruté del tomo cero (0) es sin duda alguna el mismo que se ganó mi corazón en esta ocasión, y está en el magnífico trabajo en la creación de personajes, y en los personajes como tal. Sombra es un tipo inquietante, al que puedes odiar y amar al mismo tiempo, un hombre de contrastes en todo el sentido de la palabra, y del cual espero demasiado para el devenir de la saga. Hay algunos otros personajes que también se dan lugar en este tomo, de los cuales terminé completamente encantado con Tedd y Todd, un par de tipos hilarantes, astutos, brillantes y que esconden misterios que muero por descubrir. En serio, Fernando Trujillo es un capo en este campo.

Pero como ya se habrán dado cuenta por lo que he comentado, no me sentí muy conforme con la extensión del libro, pues si bien entiendo que la estructura de la historia se construye para ir dando poco a poco detalles, percibo este relato como una mera estación de transición, que seguramente será de mucha importancia, pero que no me dejó completamente satisfecho. Fue algo así como un buen beso que no duró lo suficiente.

Con el Tomo 1 del testamento de Sombra de “La Biblia de los Caídos” me queda claro que esta historia tiene un potencial inimaginable, y que agradezco tenga como director a un tipo brillante como Fernando Trujillo. Un pasaje lleno de acción, tuercas que van encontrándose y tornillos que aparecen de la nada. Aún quedan muchas piezas para terminar de armar este rompecabezas.

Mi tiempo con Nacarid Portal...

¿Nacarid qué? ¿De quién me estás hablando? Estas fueron las preguntas que le hice a un par de amigos ecuatorianos, a quienes conocí gracias a las letras, cuando me contaron que tendrían en su país a esta mujer, hasta entonces desconocida para mí. Un par de semanas después vi la preventa de su libro “Amor a cuatro estaciones” en las principales librerías de Colombia, y luego su nombre rondando por las listas de los más vendidos a nivel nacional.

Nacarid Portal Arráez es una autora venezolana de apenas 26 años, que un día decidió que su misión de vida era escribir, y con sus letras hacer del mundo en el que vivimos un lugar mejor, y no solo para ella, sino para todos.

“La vida entre mis dedos”, su primer libro, llegó al mercado en 2015, y desde ahí la carrera de Nacarid ha seguido una línea ascendente poco usual en el mercado literario, y más teniendo en cuenta que no hubo el apoyo de una editorial de fondo, sino las simples ganas de una mujer por alcanzar sus sueños, y por hacer que su voz llegara lo más lejos posible. El impacto de sus textos ha sido tal que, “Amor a cuatro estaciones”, su segundo libro, ya va por la décima edición, sin mencionar que pronto será adaptado a la pantalla gigante. No es un riesgo para mí decir que estamos ante un fenómeno literario de esos que poco se ven en Latinoamérica, uno de esos que las nuevas tecnologías han dado pie para establecer.


Con motivo de su gira “Inspirando vidas”, una de las múltiples campañas sociales que lidera Nacarid, y del lanzamiento de su nuevo libro “Diario de una ilusión”, tuve la oportunidad de conversar con esta joven a la que me es imposible describir. Aquí les dejo el resultado de esa charla.


La experiencia con “Amor a cuatro estaciones” resultó bastante particular, pues fue un libro que leí al mismo tiempo que mi mamá, y que a mi no me gustó mucho, pero que a ella la marcó especialmente, pues le pareció un texto atemporal, la historia de un amor caprichoso, egoísta y manipulador, como el que ella vivió en el pasado, y que ella creía imposible de replicar en la actualidad por la cantidad de espejos que tienen los jóvenes a su alrededor, de experiencias similares que deberían dejarles una lección.

El texto fue fluyendo y lo cargué de realidad, de una realidad que nos toca en la actualidad, pues para bien o para mal el amor es algo transversal a todos los seres humanos, y las experiencias que salen de ello muchas veces son incontrolables para nosotros. La historia es en un 80% basada en cosas que ocurrieron en realidad y que me dejaron con ganas de escribir, de contar lo que estaba pasando, de desahogarme, y fue ahí donde los poemas, por decirlo de algún modo, empezaron a surgir. Aclaro, no soy buena para la poesía, sé que no es lo mío, pero ahí empezó todo. Con el paso del tiempo y de las ediciones del libro, fuimos trabajando en ficcionarlo más, en darle mayor fuerza narrativa, y en convertirlo en lo que es ahora.

¿Qué dio el click en ti para decidirte a escribir y a convertirte en la agente de cambio que eres actualmente?

Con la muerte de mis padres mi vida dio un vuelco por completo, y para tratar de aliviar ese dolor me refugié en la escritura, a la que ya era cercana por todo lo que estábamos haciendo con “Acción poética Venezuela”. De todo eso surgió mi primer libro.

Para tratar de ayudarme en el duelo, mis tíos me regalaron un viaje a París, por allá en 2012. Cuando llegué a esa ciudad no sabía si sentirme bien o mal, fue una situación bastante complicada. Ese viaje me hizo dar cuenta de la manera tan diferente en que transcurre la vida en diferentes lugares del mundo, y despertó en mí la inquietud por hacer algo.

Al regresar a Venezuela conocí a un pastor, por pura casualidad, quien me contó que durante ese fin de año se realizaría un evento de navidad para gente en rehabilitación, habitantes de calle y niños abandonados. Decidí asistir a esa reunión, y la inquietud que tenía en París se esclareció por completo, y ahí me di cuenta que mis problemas no eran los más grandes, que yo no era el centro del universo, sino que habían realidades más difíciles, y eso, aunque suene raro, me hizo feliz porque encontré el motor de mi vida, encontré una misión para mí, encontré un propósito.

Yo, Nacarid y mi mamá. Sí, el burro por delante.

¿Cuál crees que es la clave del éxito para este tipo de causas sociales?

Creo que trabajar el equipo. Con la fundación “Tierra nueva” tuve el enorme reto de dirigir gente para llevar a cabo diferentes acciones sociales, y ahí pude darme cuenta de lo importante que es saber potenciar las habilidades de cada persona, y encaminarlas para generar un crecimiento conjunto, y para que los planes que se tienen se desarrollen a satisfacción. Es muy emocionante ver cómo la gente deja de hacer las cosas por obligación y en realidad se compromete con el objetivo planteado, que en este caso es ayudar a los demás.

Tu proceso ha sido un poco diferente, pues no has contado con el apoyo de una casa editorial para la construcción de tus libros, y durante mucho tiempo tampoco lo tuviste para la puesta en puntos de venta. Cuéntanos un poco sobre eso.

La vida es de tocar puertas y, cuando me di cuenta que escribir era lo que quería, empecé a hacer eso, pero no tuve grandes resultados; muchos me dijeron que mis textos no eran publicables, que no perdiera mi tiempo.

Yo tenía mis ahorros de toda la vida, y aunque mi abuela me decía que ese dinero era para emergencias, decidí usarlo para cumplir mi sueño. Fue así como conseguí una diagramadora y un ilustrador para echar a andar el proyecto. Cuando ya todo estuvo materializado, mi tío decidió apostar por mí, e imprimimos 3.000 ejemplares de “La vida entre mis dedos”, los cuales se agotaron en cuestión de semanas en Venezuela. Creí en mí y en mis sueños, y sigo haciendo lo posible por hacerlos realidad.

Pero durante todo ese proceso hubo, y siguen habiendo, cosas no tan buenas de las cuales he aprendido mucho. Yo era la escritora, la vendedora, la promotora, la que hacía todo por el proyecto, así que la falta de conocimiento de la industria me llevó a cometer errores, pero seguí adelante, porque este es mi sueño, esta es mi misión de vida.

¿Alguna anécdota extraña durante tu carrera?

Hay muchas, no terminaría de contártelas jamás, pero tengo una muy presente. En Venezuela existe una hiperinflación tremenda, y cuando recibí el dinero por la venta de los primeros 3.000 ejemplares de “La vida entre mis dedos”, le devolví a mi tío lo que él invirtió en el proyecto, y con las utilidades que quedaron, apenas pude comprar unas llantas para mi carro. Mi abuela me había repetido muchas veces que escribir no daba dinero, y en ese momento llegué a pensarlo yo también, pero aquí estamos. Y bueno, eso fue todo, unas llantas (risas).

Otra cosa curiosa fue que cuando recibí la primera edición de “Mientras te olvido”, no me gustó el resultado, así que tuvimos que volver a hacer todo de nuevo. Llamé al diagramador y trabajamos durante un mes entero en mi casa hasta que me sentí completamente satisfecha con el libro.

Y bueno, es curioso decirlo, pero me daba un poco de pena que “La vida entre mis dedos” estuviera en la sección de autoayuda de las librerías, y no veía la hora de lanzar “Amor a cuatro estaciones” para quitarme ese peso de encima y ver mi nombre en la sección de novelas románticas. Luego de algún tiempo me di cuenta que mis libros sí ayudaban a muchos, y la pena bajó un poco (risas).

Gira "Inspirando vidas" en Colombia

¿Qué piensas de quienes aseveran que esta generación, la de los millennials, por decirlo de algún modo, es facilista, débil, poco apasionada e incapaz de comprometerse con nada?

No estoy de acuerdo con esa forma de pensar. Esta generación se ha encargado de empezar a romper con el fenómeno de la esclavitud pagada y ha generado propuestas de trabajo diferentes. Nosotros somos apasionados y con eso hemos logrado alcanzar nuestras metas y hacer lo que nos gusta, nos hemos convertido en nuestros propios jefes, hemos roto muchas reglas que se creían correctas e inquebrantables, y creo que eso es lo que molesta a muchos, que no nos hemos conformado, que compartimos el conocimiento y que no somos egoístas, sino que queremos crecer de manera conjunta. A mí me dijeron muchas veces “no” con mis libros, pero seguí adelante con todo el entusiasmo del mundo, y seguimos trabajando en ello.

Alguna actitud del ser humano que te moleste.

La injusticia. Recuerdo que hace unos meses estuve en la cárcel durante tres días en Venezuela por salir a protestar, y allí me di cuenta de las condiciones en que los reclusos viven, a los abusos de los que eran víctimas, a la vulneración de su dignidad. Cuando los guardias de seguridad se dieron cuenta que yo era periodista y escritora, cambiaron por completo su actitud conmigo, y una persona no puede tratar mejor a otra por su profesión o por su condición económica, el respeto y la justicia debe primar. No puedo con la injusticia.

Un joven sale del closet con sus papás. ¿Qué le dirías a cada uno?

Al hijo que es un valiente y que ese es el deber ser de las cosas, que no debemos estar llenos de caretas, que no debemos tener miedo de ser nosotros mismos. Al padre que piense en que todos somos libres, y que, si quieres a tu hijo, debes entender que él es libre de tomar sus decisiones. Yo fui una de esas valientes que un día decidió ser sincera, y luego de un tiempo en que mi mamá lo analizó mucho y lloró un poco, me aceptó como soy, porque soy la misma persona de siempre, independientemente de mi condición sexual.

Nacarid, ¿es posible ser amigo/a de un exnovio/a?

Sí, aunque si tienes una novia celosa como yo, no (risas). Yo soy amiga de mi ex, pues fue un apoyo inmenso durante muchos momentos difíciles, y ambas tenemos las cosas claras y sabemos que somos amigas y punto. Creo que esa es la clave, que ambas partes tengan claro el status en el que estás.

¿Qué se viene para tu carrera?

En este momento estoy trabajando en una saga juvenil romántica que me está consumiendo gran parte del tiempo. Inicialmente teníamos previsto lanzar el primer libro en enero, pero quiero hacer las cosas lo mejor posible, por eso pensamos que puede lanzarse hacia mediados del 2018. Este es un proyecto diferente a lo que venía trabajando, y tengo a mi lado varios tutores para pulirme como escritora y para darle lo mejor a mis lectores. En esta saga hay 12 protagonistas, y cada uno tiene un conflicto de los que vemos en el día a día, de esos que vivimos en cualquier momento de la vida. 

Otra cosa en la que estamos trabajando es una edición especial de “Amor a cuatro estaciones” con motivo del estreno de la película próximamente. Habrá contenido especial que seguramente los lectores disfrutarán.

 

Después de hablar con Nacarid, pude entender el porqué se ha convertido en el fenómeno que es actualmente, el porqué ha conectado a tanta gente con su misión de vida, y el porqué la literatura va más allá de la calidad de lo que escribes, y tiene otros matices que en algunas ocasiones resultan más definitivos.

Reseña: Te veo - Marci Lyn Curtis

Hay pequeñas cosas en el día a día que hacen de nuestra vida algo grande, algo mágico, algo especial, y muchas veces ni siquiera nos damos cuenta del valor que esas cosas tienen, de lo importantes y trascendentales que pueden llegar a ser. Abrir los ojos y ver el techo de tu cuarto, el celular vibrando por la alarma que pusiste el día anterior, o a la persona que amas durmiendo a tu lado; poder presenciar el cielo mutar de piel con el pasar del día; observar a los niños mientras corren en el parque detrás de un balón… Eso que solemos calificar como algo cotidiano y recurrente, resulta realmente invaluable y definitivo para lo que hacemos, y vale la pena decirlo, es una suerte a la cual muchos no tienen acceso.

Han pasado seis meses desde que una meningitis bacteriana dejó ciego a Maggie, de 17 años. Seis meses desde que sus ojos dejaron de ver. Seis meses desde que su vida cambio por completo y ya no sabe cómo andar por ella. Pero un día, al salir de la oficina del rector de su colegio, ella se tropieza y pierde el conocimiento, y al volver en sí logra ver a un pequeño de 10 años llamado Ben, gracias al cual su realidad dará un giro de 180 grados. Esta es la premisa de “Te veo” de Marci Lyn Curtis, editado por Puck y distribuido en Colombia por Ediciones Urano.

Gracias a mi amiga Mariana por ser la modelo de esta foto.
En las casi 350 páginas que componen esta historia, nos encontraremos con un retrato al cual muchos prefieren no prestar atención por considerar ajeno, pero que está latente en todas las esferas de nuestra sociedad, y no solo me refiero a las personas invidentes, sino a cualquier limitación física o mental que un ser humano pueda tener. Maggie nos plantea un monólogo fuerte y sincero desde la perspectiva de quien cree perderlo todo al ver bruscamente afectada su cotidianidad, de quien debe ajustar por completo su vida ante las condiciones intempestivas que ahora la permean.

La narrativa de Marci Lyn Curtis es ligera, afable, se deja recorrer, y permite que el lector se meta de lleno en lo que está contando pues no lo complica en absoluto con florituras innecesarias. El tránsito por los días de Maggie resulta contradictorio por las anécdotas divertidas que vive desde que conoce a Ben, y la confusión de no saber qué es lo que le está pasando. Vale aclarar que Maggie no recuperó la visión al conocer a Ben, sino que por una extraña razón solo puede verlo a él y a lo que está a su alrededor.

La narradora nos hace partícipes de sucesos de su pasado, de sus miedos, de sus frustraciones, de sus metas, de las cosas que la afectan, de los pensamientos que no la dejan vivir tranquila, y de todo cuanto considere necesario para que entendamos de mejor manera por lo que está pasando. Esa sinceridad en el discurso de Maggie me permitió confirmar lo importante que somos para el proceso de otras personas, lo clave que puede ser una palabra bien dicha, y lo vital que resulta el aceptar que las cosas nos afectan y que necesitamos ayuda. Porque en un proceso como el de Maggie, como el de alguien que confiesa abiertamente su condición sexual, como el de quien es adicto a las drogas o el alcohol, como el de alguien que toma una decisión transcendental para su vida, o como el de cualquier persona que está pasando por un mal momento, es de vital importancia el rol y la actitud de quienes están a su lado, porque para ellos situaciones como esas tampoco son fáciles, pero con historias como “Te veo” queda claro que estos procesos requieren de acompañamiento, y que en la mayoría de los casos los resultados son mejores cuando trabajamos juntos para darles buen término.


Hubo dos aspectos que disfruté sobremanera de este libro, y fueron a Ben como personaje y símbolo de conducta, y el crecimiento de Maggie por el paso de la historia. Ben es un pequeñín excepcional, lleno de vida y con un carácter envidiable, que contagia solo buenas sensaciones, y que es claro ejemplo de que es posible salir adelante a pesar de las cosas malas que se nos cruzan. La existencia de Maggie está llena de baches, de líos y de problemas, y resulta muy interesante ver cómo todo esto se ve reflejado en su día a día y en su forma de “ver” el mundo que la rodea. Esta historia agridulce y llena de altibajos es lo que es gracias a este par de seres que, cada uno a su modo, nos muestran sus vivencias y tratan de dejarnos con ellas algo para las nuestras.

Sin embargo, no todo fue color de rosa con el libro. A pesar de que Maggie tiene una notoria evolución con el pasar de los meses, el tono en que ella va narrando muchas de las cosas me generó cierto conflicto pues no lo sentí en línea con su edad, sino con la de alguien unos tres o cuatro años menor; seguramente la realidad por la que esta adolescente está atravesando tiene mucho que ver con esto, pero por momentos no me terminaba de creer las cosas que ella me estaba contando, y quizá fue por eso que tarde más de lo esperado en terminar con esta obra. El segundo punto de discordia se dio con la historia de amor que se cuenta, con la cual no terminé de conectar en ningún momento, quizá porque nunca me tocó una así, pero bueno, seguramente para alguien con algunos años menos que yo pueda resultar mucho más satisfactoria la experiencia con este aspecto.

“Te veo” es un libro de esos que deberían dársele a conocer a más jóvenes, docentes, padres, y personas en el mundo, porque puede llegar a generar un sentido de comprensión más claro frente a cosas que pasan frente a nuestros ojos y ante las cuales no sabemos cómo responder, o simplemente preferimos evitar y dejar de lado. Un texto claro, mágico, cargado de reflexiones y que seguramente te hará valorar aún más ese pequeño gran golpe de suerte que es poder mirar el mundo como lo hacemos.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Reseña: El cuento de la criada - Margaret Atwood


El término patriarcado se deriva de la palabra patriarca, cuyas raíces griegas traducen patria y expresión de mandato. Según la RAE, cuando hablamos de este concepto nos referimos a una organización social primitiva en donde la autoridad es ejercida por un varón.

La dominación del sexo masculino en los diferentes espacios de nuestra sociedad, a lo largo de los años, es un fenómeno notorio y que difícilmente encontrará punto de discusión. Sí, no podemos dejar de lado que, en Europa y en algunas comunidades indígenas americanas, en cierta época fue el matriarcado el sistema imperante (el cual fue mucho más democrático que el patriarcado, según cuentan los historiadores), pero nuestra realidad actual es muy diferente desde hace bastante rato.

Durante largo tiempo el sistema patriarcal ha sido el que ha marcado la parada y el que ha dirigido el destino de la gran mayoría de comunidades en el planeta. Solo hace falta sentarse y revisar algo de historia para confirmar esto. No fue sino hasta 1916 que una mujer, Simiravo Bandaranaike, llegó a ocupar el primer ministerio de un país, por ejemplo.

Hoy en día muchas cosas han cambiado, y tanto la propia razón humana como la lucha incansable de grupos feministas y de adeptos a su causa han logrado que la igualdad de derechos sea una realidad mucho más latente (aunque todavía algo lejana).

La figura de la mujer que debe quedarse en casa porque eso es lo que debe y puede hacer, de a poco ha ido pasando a ser una decisión autónoma y no una imposición. Cada día son más las mujeres que acceden al mercado laboral con las mismas condiciones salariales que los hombres, cada vez son más las deportistas que compiten por premios de cuantías iguales a las de los varones, cada vez son más las mujeres que entran al universo político y juegan un papel importante en las decisiones de un país… Los avances están ahí, y a cada segundo llegan nuevos, pero queda muchísimo por hacer.

Lamentablemente somos seres humanos y, si algo nos ha demostrado todo lo que nuestros antepasados han experimentado (y lo que nosotros hemos vivido), es que nuestra raza es capaz de lo peor y lo mejor, así que modificaciones en el orden de las cosas pueden darse en cualquier instante. ¿Se imaginan que, un día, un grupo de políticos teócratas tome la decisión de delimitar a su expresión mínima (casi inexistente) los derechos de las mujeres con la excusa de que esa es la única forma de recuperar la estabilidad en un país? Puede parecer descabellado, pero recordemos que en aquellos días en que un negro esclavo resultaba algo normal, en algunas zonas del mundo los derechos reproductivos de la mujer eran inexistentes, o iban amarrados a los deseos de su dueño o a las directrices políticas de turno, así que…

En 1985, una mujer exquisitamente visionaria y eternamente preocupada por la disparidad de género llamada Margaret Atwood, se dio a la tarea de imaginar un mundo como el que acabo de describirles, y así nació “El cuento de la criada”, libro del que vengo a hablar aquí.

Mi interés por este texto surgió hace unos meses, cuando una profesora de escritura narrativa nos lo recomendó, y luego se potenció al saber que su adaptación televisiva fue merecedora de múltiples premios Emmy. Después de búsquedas infructuosas, de recorrer casi todas las librerías de la ciudad y de indagar en internet por una edición a un precio razonable, decidí leerlo en digital (aunque ya logré conseguirlo en físico; lo caprichoso jamás se me quitará).


“El cuento de la criada” es una novela que podríamos clasificar como distopía, e incluso como ficción especulativa o como historia de anticipación, en donde una mujer llamada Defred (u Ofred) nos muestra todo lo que desencadenó el establecimiento de la República de Gilead (antes Estados Unidos) en la sociedad y en los derechos de sus ciudadanos. Los graves problemas de fertilidad a causa de las condiciones medioambientales que generó la contaminación producida por el ser humano y los efectos de las guerras nucleares, tienen como consecuencia una baja exponencial en los índices de natalidad del mundo entero; es en ese punto donde un grupo de hombres con poder político y una doctrina religiosa arraigada y arcaica, que se hace llamar “Los hijos de Jacob”, asume el control del país con el fin de salvarlo física y espiritualmente, y para tal motivo implanta como política principal el que la mujer acepte como propósito único el de procrear, pues ese es su papel natural en el mundo, y debe ser su única preocupación… En otras palabras, la mujer es vista como un útero con patas.

Margaret Atwood, de manera brillante, logra mostrarnos con el día a día de Defred, y desde una visión micro de lo que es realmente Gilead, todo lo que el sistema político y las reglas de juego que la sociedad en que ella vive decidió adoptar, y el papel que tanto hombres como mujeres juegan en él, así como el modo de vida y algunos detalles que conforman y rigen las relaciones en el lugar. No necesitamos meternos en las oficinas de los dirigentes, ni presenciar sus debates para conocer a fondo el modelo frente al que estamos.

Gráficos extraídos de la versión digital del libro.

El universo imaginado por la autora nos ofrece una jerarquía social muy demarcada, en donde los hombres poderosos son los que llevan las riendas, los otros hombres trabajan para ellos; y las mujeres van clasificándose en diferentes grupos según su relación con los dirigentes, su aceptación a la doctrina imperante, y principalmente por si son o no fértiles.

Defred, la escritora de este cuento, es una mujer fértil, quien por mandato divino y en pro de la salvación de la República debe asumir el papel de criada, rol que le implica servir como dadora de vida para diferentes familias de los dirigentes de la nación, a quienes se les denomina comandantes. En caso de negarse o rebelarse, una criada puede terminar siendo ejecutada públicamente, o llevada a las colonias para morir lenta y dolorosamente a causa de la polución generada por los residuos tóxicos. Por si acaso, nada de lo que está en esta reseña es un spoiler, pues todo pueden encontrarlo en la sinopsis de la obra (al menos en mi edición de Salamandra es así).


Margaret Atwood. Tomada de Literaty Hub.

Defred, esa mujer que día a día ve minada su confianza, su dignidad y su esperanza, es el baluarte más grande este libro. Margaret Atwood creó un personaje poderoso, capaz de hacer sentir al lector su dolor, su desesperación, su indefensión ante un gobierno que la socaba, el sufrimiento causado por el peso del pasado, el miedo ante el presente, la incertidumbre hacia un futuro que la aterra, la frialdad de la resignación, la nostalgia latente y calcinante, el desasosiego ante la incapacidad de hacer algo, la convicción que deviene de los detalles más ínfimos, y un sinfín de sensaciones y sentimientos que, desde la primera letra hasta el punto final de su narración, vamos a experimentar a su lado.

Este cuento nos va llevando del diario vivir de Defred a hechos del pasado que la marcaron, que son significativos para ella, y que nos dejan conocer de mejor manera el trasfondo del sistema teocrático instaurado por “Los hijos de Jacob”. Cada salto es pertinente, justo, y clarifica el desarrollo de la trama, haciendo que el avance por la misma exija premura por la necesidad de conocer lo que viene. Detalles van y vienen con cada capítulo, lo que produce un apego con la historia bastante curioso, y que a mí me mantuvo en vilo y atrapado todo el tiempo.

Gracias a Defred (y obviamente al estilo de escritura de Atwood), “El cuento de la criada” se convierte en una obra angustiante, que se sufre a cada momento, que indigna, que duele, que te llena de dilemas morales, que te deja con ganas de trabajar por generar cambios que eviten ese tipo de realidades, y que se clavó por completo en mi subconsciente (se ha convertido en un pensamiento diario en mi vida).



A pesar del sentido crítico y del mensaje feminista implícito en el libro, por decirlo de algún modo, este monólogo compuesto por una criada confundida que se niega al destino que vive, no atraviesa esa delgada línea en donde un texto se convierte en aleccionador (cosa que no me gusta), sino que simplemente nos plantea una situación, y lo que sucedió para llegar a ella, y deja que sea el lector quien forje su pensamiento de acuerdo con las vivencias de la narradora.

Otro punto que no puedo dejar de tocar, y que hizo más amena mi experiencia de lectura, es que el texto es sencillo, sin adornos innecesarios ni palabras rebuscadas, haciendo que el peso de lo que se cuenta sea lo que valga. Atwood y Defred son directas (hasta la saciedad) en su intención, y eso fue algo que me hizo apreciar aún más el libro.

Al terminar de leer esta historia, quedo algo muy claro en mí, lo que a su vez me dejó una inquietud inevitable: “El cuento de la criada” tiene todos los elementos para ser considerada una obra canon de la distopía clásica, así como “1984”, “Un mundo feliz” o “Fahrenheit 451”, pero su reconocimiento a nivel mundial llegó gracias a un premio Príncipe de Asturias en 2008 y a la serie inspirada en esta historia… ¿Por qué? El mismo mensaje del libro da respuesta a esto, y me atrevo a decir que, como muchos logros alcanzados por mujeres, el machismo imperante en las diferentes esferas de nuestra sociedad ha impedido que obras de este calibre obtengan el lugar que merecen, pero bueno, las cosas de a poco van cambiando y la igualdad gana espacio.



Pocos libros han logrado calarse hasta mis huesos y hacerme sentir de la manera en que este lo ha hecho. “El cuento de la criada” es un producto virtuoso, jodidamente oscuro, cargado de fuerza y de críticas ante la realidad que vivimos que son imposibles de hacer a un lado, y que no dejarán indiferente a nadie, independientemente de la vida que lleve. Una denuncia valiente hacia la reivindicación de los derechos de la mujer y su valía dentro de la sociedad. Una obra certera ante la que no queda más que reflexionar, respirar profundo e intentar sobrevivir. Un sorbo desgarradoramente necesario.



PD1: La serie basada en el libro es de altísima calidad, y permite profundizar en muchos temas que el libro deja de lado. Recomendadísima.

PD2: Hay un detalle en el destino de esta distopía, que me hace recordar el porqué de mi desapego para con la distopía juvenil contemporánea. Espero que logren descubrir a qué me refiero.



domingo, 29 de octubre de 2017

Mujer. Un acto de rebeldía.


En 1791, dos años después de la del hombre, la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía fue aprobada en Francia. A partir de ahí, son varios los momentos que podemos enumerar y que han marcado, y siguen marcando, la historia de la lucha por la igualdad de derechos por parte de la mujer.


1869
Lucy Stone decide mantener su apellido de soltera luego
del matrimonio, siendo la primera mujer en hacerlo.

1893
Nueva Zelanda se convierte en el primer país en reconocer
y aprobar el voto femenino.

1903
Marie Curie gana, junto a su esposo, un Premio Nobel, 
hito que repitió en 1911, esta vez sin compañía.

1908
Con protestas por el mejoramiento de las condiciones laborales,
se origina el Día Internacional de la Mujer
(que la ONU oficializó en 1977).

1927
Uruguay aprueba el voto de la mujer, siendo así el primer país
de América Latina en hacerlo (puede parecer que ha pasado
mucho tiempo desde que una mujer pudo ejercer
el derecho al voto en Colombia, pero son apenas 59 años
desde que esto ocurrió, el 1° de diciembre de 1957,
gracias a la reforma constitucional aprobada
durante el mandato de Gustavo Rojas Pinilla).

1945
Con el cierre de la segunda guerra mundial, la presencia de la
mujer en el mundo laboral se afianzó en un número sin precedentes.

1946
El francés Louis Réard inventa el bikini, que, aunque muchos no lo
crean, se convirtió en un objeto insignia en la emancipación de la mujer.

1955
Rosa Parks se niega a ceder su puesto en el autobús a un hombre blanco,
lo que devino en su arresto y en un punto clave en
la lucha por los derechos civiles.

1960
Sirimavo Bandaranaike logra ser la primera mujer presidente
en el mundo, cargo que ocupó durante 18 años.

1963
Se acepta la patente de la píldora anticonceptiva, hecho clave
en la discusión de los derechos reproductivos de la mujer,
cuyo punto cumbre se dio en 1968 con un debate
precedido por la ONU sobre el tema.


Jamás he terminado de entender por qué siendo seres racionales y capaces de vivir en sociedad (¿?), generamos condiciones que hacen necesario que muchos tengan que luchar por los derechos de los que otros disfrutan por omisión. Sí, aun no me cabe en la cabeza que todavía existan personas de color (ni cualquier persona) que sean consideradas esclavas, no logro entender el pensamiento inquebrantable de tildar de anormal a alguien que ama a una persona de su mismo sexo, y no comprendo cómo las mujeres tienen que seguir luchando porque sus derechos sean reconocidos. Pero bueno, está es la realidad que nos toca, y hay mucho trabajo por hacer.

A partir de esta necesidad de reivindicar su valía dentro de la sociedad, en el siglo XVIII nace un movimiento que, aún en nuestros días, sigue incansable en la consecución de su objetivo de hacer que los derechos de las mujeres sean iguales a los de los hombres. La palabra feminista dejó de ser un adjetivo para calificar los rasgos femeninos en un varón, para ser un relativo de aquellos que se identifican con el movimiento feminista, cuyo centro lo define muy bien Chimamanda Ngozi Adichie: soñar y planificar para un mundo diferente, más justo, de hombres y mujeres más felices y más auténticos.

Día a día, y de maneras que no nos imaginamos, mujeres (y hombres) de todo el mundo emprenden acciones que ni ellas mismas imaginan están contribuyendo en gran medida en pro de los derechos de todas sus congéneres. Todos esos actos sientan un precedente, se marcan en la memoria de quienes rodean a quien los realiza, y plantean un cambio en sus realidades, en su entorno. Todos esos comportamientos deben ser conocidos, difundidos y amplificados, para que cada vez más personas reconozcan los avances que la lucha de las mujeres por sus derechos está dando.

Es en este punto donde los libros de los que quiero hablar en esta oportunidad cobran importancia. Es ahí en donde la literatura entra a jugar un papel invaluable.

Primero vamos con “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes”, publicado en Colombia por Editorial Planeta. Este es un compendio de 100 historias de mujeres extraordinarias, que nace de un crowfunding realizado por Elena Favilli y Francesca Cavallo, el cual recaudó más de un millón de dólares.


Cada una de estas 100 historias son extraídas de la vida real y llevadas al papel a modo de cuentos cortos para darle un mayor espectro a lo que allí se narra. Una página es suficiente para mostrarnos que nadie tiene derecho a decirnos qué podemos o no lograr, que somos nosotros mismos quienes tenemos el control de nuestro destino, que no hace falta ser lo que los demás quieren sino simplemente lo que nosotros queremos, o que nuestra voz cuenta más de lo que nos imaginamos.

Cada una de estas 100 historias es un ejemplo de que una mujer (o cualquiera) puede volar tan alto como quiera, regalarle al mundo la música y las letras que nazcan de su corazón, preparar pasteles mientras deja que la vida se le vaya en poesía, gobernar el imperio más grande del mundo, descubrir lo que está más allá del firmamento, hallar los secretos de la naturaleza que nos rodea, ser presidente de la nación más poderosa, luchar por la libertad de su país sin importar su condición, o simplemente conducir su coche sin que nadie le diga que no puede hacerlo.


Imágenes extraídas del libro. La primera es Policarpa Salavarrieta de Colombia, y la segunda es Manal Al-Sharik, la protagonista de mi cuento favorito.

Cada una de estas 100 historias está acompañada por una ilustración que da rostro al cuento que estamos leyendo, que da ojos a las lecciones que vamos encontrando, que nos permite movernos entre estilos de ilustración totalmente diferentes, que nos da a conocer el trabajo y la pasión de las ilustradoras de varios lugares del globo que se comprometieron con este proyecto, y que nos pone de frente a 100 mujeres que cambiaron el mundo a su modo.

Cada una de estas 100 historias puede convertirse en la inspiración necesaria para que una niña (y también las no tan niñas) se dé cuenta de lo mucho que vale y de todo lo que puede llegar a lograr con el simple hecho de que se proponga hacerlo y que tenga la valentía de luchar por ello. Este es uno de esos libros que no debería faltar en la mesa de noche de todos los hogares del planeta.



PD: Para nuestra fortuna, ya se está trabajando en un segundo tomo de estos cuentos.


El segundo libro del que quiero hablarles es "Rebeldes" de Myriam Bautista González, de la casa editorial colombiana Intermedio. Esta obra es una recopilación de historias de seis mujeres colombianas que no dejaron en manos de otros el rumbo de su destino. A diferencia del libro anterior, en este se realizan perfiles por cada una de las protagonistas, ahondando en detalles y vivencias.

Soledad Acosta de Samper, María Cano Márquez, Emilia Pardo Umaña, Débora Arango Pérez, Cecilia Cardinal de Martín y Virginia Gutiérrez de Pineda son las homenajeadas en este libro (a quienes pueden ver, en este mismo orden, en la siguiente imagen). Estas seis valientes fueron en contra de lo que el sistema dictaba y cambiaron el rumbo de sus realidades sin importar las consecuencias, y con esto se encargaron de abrir la puerta a muchas otras mujeres para que hicieran lo mismo.



En pasadas 150 páginas, este compendio nos muestra parte de las vidas de seis valientes que muchos no conocen, mujeres que la historia, que está escrita por los hombres, se ha encargado de borrar. Vivimos en una sociedad misógina y patriarcal, y a pesar de eso ellas no se dieron por vencidas. En una sociedad en donde las mujeres tenían miles de obligaciones, pero no derechos (siglo XIX), ellas decidieron cambiar su realidad.

Myriam Bautista González nos muestra a la mujer que se atrevió a romper los esquemas de lo que los demás le imponían como estado del arte permitido, a la mujer que no dejó que nadie le dijera que la profesión a la que quería dedicarse no era para ella, a la mujer que rompió la imagen de la fémina como un ente receptor y empezó a trabajar por sus derechos sexuales y reproductivos, a la mujer que escribió sin cansancio y dejó sus historias regadas por la vida, a la mujer que se atrevió a tomar café con los hombres y hablar de los temas que se consideraban impropios para ella, y a la mujer que ayudó a que todo un país se diera cuenta que la familia es un concepto universal que no está determinado de un solo modo (aunque aún hoy en día muchos no lo entiendan).


Virginia y Débora en la nueva familia de billetes en Colombia.
Este libro nos permite conocer un poco de estas mujeres que marcaron un hito en cada una de sus profesiones, que no se acomodaron al molde. Mujeres transgresoras, osadas, admirables e incansablemente trabajadoras. Heroínas que cambiaron las rutinas de las mujeres colombianas que no salían de sus casas, personajes emblemáticos que nunca fueron feministas conscientes, pero que con sus actos han repercutido considerablemente en la situación actual de sus congéneres en Colombia.

Este par de textos son muestra clara de todo lo que vale una mujer, de las cosas que son capaces de lograr. En estos libros conocemos a seres que nos dan una lección de vida, que nos muestran que se vale ser diferentes, que hay que alzar la voz y luchar por los derechos que se nos vulneran y por los que le son vulnerados a nuestro prójimo. Libros como estos pueden hacernos caer en cuenta de que, todos y cada uno de nosotros, podemos cambiar en algo nuestro mundo.