miércoles, 28 de febrero de 2018

Reseña: Lo que nunca te dije - Antonio Ortiz

Nunca supe en que momento pasó todo. Mi hermano tiene unos cinco o seis años más que yo, y los primeros recuerdos que tengo junto a él son jugando con nuestra consola Family, viendo nuestros programas favoritos o sonriendo por alguna ocurrencia que tenía. Sí, él solía tener muy buen sentido del humor.

De pronto algo cambio. Ahora estaba sentado en el piso de la sala viendo televisión o jugando Mario Bros, pero ya no había nadie a mi lado. Pensaba que mi hermano ahora tenía otros amigos, o que hacer eso que hacíamos juntos antes ya no le animaba mucho.

Empecé a escuchar a mi papá peleando constantemente, a mi mamá llorando a cada rato, a no encontrar muchas de las cosas que antes teníamos en la casa, a notar que los ojos de mi hermano se veían rojos día a día, a descubrir actitudes en él que para mí eran desconocidas, y a ver desaparecer a cada momento a esa persona que fuese mi compañía en el pasado. Ahora vivíamos con un fantasma.

Los años han pasado y mi hermano aún lucha por dejar las drogas a un lado. Han sido tiempos muy difíciles, de crisis constantes, de recuperaciones momentáneas y recaídas estrepitosas. Recuerdo a ese niño que reía junto a mi en las mañanas, embutido en un pijama térmico, con esa sonrisa que retumbaba en toda la casa… Pero la realidad me golpea ferozmente. Algo se quebró entre nosotros y nada será como en aquellos días. Solo espero que él logre vivir su vida y abandonar el infierno en el cual sigue siendo huésped.

¿Por qué muchos jóvenes sienten aversión por la lectura? Seguramente la mayoría de ellos han tenido que padecer la poca disposición de sus docentes por buscar nuevas narrativas que exploren sus vivencias, el ausente compromiso con trabajar con un plan lector más cercano, y los discursos desgastados que insisten en proponer lecturas cero contemporáneas y poco adecuadas para cada rango de edad (a mí me pusieron a leer “100 años de soledad” y “La Ilíada” a los 12 años…). Pero para fortuna de muchos, hay autores que son capaces de hablar con las nuevas generaciones de tú a tú, de narrar lo que les pasa sin pelos en la lengua, de conectar y enganchar a quienes tienes miles de pasatiempos, mostrándoles que la lectura es una opción válida de entretenimiento y aprendizaje.

Antonio Ortiz fue un descubrimiento tremendo en lo que a literatura juvenil colombiana respecta. En un desierto siempre hay oasis, y aunque parezca que en este país no las hay, algunas voces se escuchan de fondo y empiezan a hacer cada vez más ruido, y una de ellas es la de mi querido Antonio.

Luego de casi tres años, uno de los autores colombianos más leídos por los jóvenes de mi país regresa al ruedo, con un proyecto que tengo el gusto de conocer de primera mano (gracias infinitas a Margarita Montenegro, la editora, por su confianza en mí y por la pasión que le imprime a su trabajo. Admiración total), y del que quiero contarles un poco en esta oportunidad. “Lo que nunca te dije” es el libro protagonista en esta ocasión. Y ojo, este relato de una vida imposible es un relato inspirado en una historia de la vida real.

Cubierta provisional

Aquí nos encontramos con la historia de Camilo, un adolescente que a los ojos de todo el mundo parece tener la vida perfecta: es guapo, popular, tiene muchos amigos, no le va mal en el colegio, tiene una hermana que se desvive por él, unos padres ejemplares, un gato hermoso en casa… Pero dicen por ahí que no todo lo que brilla es oro. Camilo es adicto a las drogas, hecho que empieza a mostrar lo que verdaderamente es su vida, y a resquebrajar los cimientos de una familia que nunca fue lo que parecía ser.

A diferencia de “Maleducada”, “La extraña en mí” y “Un silencio prohibido”, el autor apuesta en esta ocasión por una figura protagonista masculina, lo que sin duda es un reto en todos los sentidos. Las situaciones que se viven pueden ser las mismas, pero las repercusiones sociales, el lenguaje, las vivencias y las consecuencias se vislumbran completamente diferentes, y Antonio logra plasmarlas de manera correcta, haciendo que nos involucremos con el día a día de Camilo, y con lo que vive con su familia, sus amigos y su entorno. La voz que narra la historia se siente verosímil, y el autor le imprime credibilidad a la escalera hacia el desastre que el protagonista camina con cada una de sus acciones.

Esta novela esta narrada en primera persona por Camilo, quien desde el presente nos cuenta su pasado, nos hace partícipes de esos momentos que fueron definitivos en su construcción como ser humano, y nos pone de frente las problemáticas que lastiman a nuestra sociedad actual, y ante las que debemos estar preparados (drogadicción, alcoholismo, matoneo, intolerancia ante la diferencia, poco o nulo acompañamiento paterno, malas influencias, el uso inadecuado de las redes sociales, el pésimo entendimiento del rol protector de los padres, entre otras). Esas vueltas al pasado, esos flashbacks a hechos definitivos van alternándose y cambiando constantemente, todos con un propósito claro y un hilo conductor común, elemento que en un principio puede hacer sentir la lectura un poco pesada o lenta, y hasta enredada, pero les aseguro que eso cambiará más pronto de lo que se imaginan, y que de un momento a otro se verán recorriendo sin descanso posible las pasadas 200 páginas de este libro, queriendo conocer cada uno de los detalles que cimentaron la tragedia en la que se convirtió la vida de Camilo, y por consiguiente la de su familia y amigos.


Nuestras historias están conectadas con las de muchas personas más, y la de nuestro protagonista no se escapa de eso. Cada uno de los seres que lo acompañan en su camino tienen sus propios problemas, sus propios dramas, sus propios intereses, sus propias preocupaciones, sus propios dilemas. Los papás de Camilo son víctimas de una sociedad que les ha vendido la idea de que las apariencias son lo que vale; Laura, su hermana, convive con la soledad ante la poca atención que logra robarles a sus padres; Samuel, el mejor amigo, padece diariamente el bullying que genera el salirse de los estándares de aceptación que el mundo ha establecido. Esta novela cuenta con personajes reales, que te hablan con sinceridad, que se equivocan, que no son perfectos; personajes que podemos ser nosotros mismos, nuestros seres queridos o alguien cercano.

Esta obra es franca en todos los sentidos, hecho que permite establecer un vínculo muy fuerte entre el lector y la novela, dándole un plus tremendo a la lectura. Las letras que Antonio Ortiz nos regala son un reflejo claro y duro de lo que se vive en las calles, en los colegios, en los hogares de Colombia y del mundo entero. Uno de esos libros que pueden ayudar a que una vida cambie.

“Lo que nunca te dije” es sin duda alguna el mejor libro que he leído de Antonio Ortiz. Una historia cruda, que duele y que enseña al mismo tiempo. Un texto honesto, conmovedor e importante, que espero llegue a muchas personas y que genere esos escenarios de reflexión y diálogo tan necesarios en la actualidad. Un acto de valentía infinito para que muchas existencias no se pierdan en el camino. Una invitación a estar atento de las señales, a prestar atención a quienes están a su alrededor. La realidad está ahí y no se puede esconder, pero sí sobrellevar.

No dejen que sus vidas se pierdan. He visto los ojos de un muerto en vida, y no quisiera que nadie más pase por ello.

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