Reseña: El niño mariposa - Gabrielle Massat


Cierto tipo de historias conectan contigo y hacen que quieras seguir leyéndolas. Esto es algo que nos ocurre tanto a ti como a mí, y gracias a eso es que podemos hablar de tendencias como el domestic noir (mi adicción en la actualidad), los vampiros contemporáneos, los romances paranormales, los relatos sobre enfermedades mortales o, mis favoritas, las distopías.

Somos seres humanos y nos cansamos de las cosas, y eso suele pasarnos cuando leemos muchas historias que son similares, que tienen una estructura común, que tienen un hilo conductor casi calcado, que no ofrecen mayor sorpresa porque nos sentimos pisando un suelo ya conocido.

Un virus que diezmó a la humanidad. Una medida desesperada que obligó a los sobrevivientes a esconderse tras un muro. Un sistema autoritario que mantiene todo bajo control. Una heroína que desea ver qué hay más allá de lo que se le ha permitido observar. Un primer libro que termina en punta como promesa de uno, dos, tres o cuatro libros más por venir… Estas son algunas de las fórmulas que los autores han repetido sin misericordia, y sin importarme esto (masoquismo nivel Esteban), decidí darle una oportunidad a “El niño mariposa” de la francesa Gabrielle Massat.


Aquí nos encontramos con Maïa, una subteniente de 17 años cuyo padre ha muerto, dejándola bajo el cuidado de Dimitri. El mundo en que vive Maïa fue azotado por un virus que obligó al gobierno y las fuerzas militares a encerrar a los sobrevivientes bajo las paredes de un muro de contención. Las autoridades transmiten constantemente a los ciudadanos los mensajes que llegan desde afuera del muro, en los que la esperanza de poder abandonar el cautiverio es el común denominador. Todo cambia en la vida de ella cuando Dimitri, su tutor, es arrestado bajo el delito de alta traición. Maïa siempre ha querido ver todo lo que hay detrás del muro que la protege y la limita, y este deseo se fortalece con la captura de Dimitri, a quien ella tratará de salvar de la condena que le espera.

A pesar de lo repetitiva que pueda parecer la premisa que les he compartido, me atrevo a recomendarles “El niño mariposa”. ¿Por qué? Pues aquí les voy a contar.

En primer lugar, debo resaltar que el “El niño mariposa” es un libro autoconclusivo (alabados sean todos los dioses, seres supremos y niños mariposa del universo), y si bien sentí que en algunos momentos la narración no da las explicaciones suficientes y podría ahondar más en varios detalles, estoy convencido de que de principio a fin lo que se cuenta es consistente y no requiere una serialización absurda que haga que la esencia del relato se difumine en relleno innecesario como ocurre con muchas sagas en el mercado.

Ella es la creadora de esta historia.

Otro de los puntos fuertes en esta novela es la pluralidad que representan los diferentes personajes que habitan en ella. Un militar que sabe que las cosas no son tal como todos creen y decide actuar de modo distinto, un asesino a sueldo que diseña sus propias reglas en un sistema con normas de conducta bien diferentes, un infectado que sobrevive en un entorno que lo discrimina y menosprecia, y una joven llena de inquietudes y curiosidad. Maïa, Zephyr, Dimitri, Nathaniel (mi favorito) y los demás protagonistas de esta historia son seres con un pasado, con miedos, con carencias, con ilusiones, con decisiones por tomar y motivantes bien dispares. A pesar de eso, como suele pasar en la vida real, terminamos conviviendo, trabajando y estableciendo lazos con nuestros pares sin importar las diferencias que nos definen. En esta historia pasa igual, y es bien interesante sentir ese toque de realidad en medio de la ficción escrita.

Esta distopía no podía dejar atrás los componentes de concientización propios de una narrativa que pretende mostrar el futuro de nuestro planeta luego de soportar las consecuencias de los errores que hemos cometido. La libertad es el motor que mueve y hace que esta historia se sostenga; el deseo de escapar del encierro (y no solo físico) sin importar las razones que cada uno tenga para ello y la necesidad de empezar a vivir de manera diferente serán componentes que permearán de principio a fin nuestra lectura.

Me fue imposible no pensar en Maze Runner o en Divergente al ver de nuevo un muro.

A propósito de lo anterior, uno de los principales dilemas que plantea la novela es el de la obediencia a las reglas que mantienen todo bajo control, a sabiendas de que dicho código de conducta esta lleno de vicios e injusticias. Por supuesto, no esperemos algo sumamente elaborado y soportado, pero les aseguro que lo planteado por la autora basta para dejarnos pensando en nuestra realidad y el rol que estamos desempeñando en ella.

He comentado varias cosas que me han gustado, pero he dejado lo mejor para el final, y es lo cinematográfico que luce el desarrollo y toda la acción que tiene lugar en pasadas 300 páginas. Tiroteos, persecuciones, fugas, misiones secretas y mucha sangre serán los lugares comunes de este recorrido por un futuro que fácilmente podríamos llegar a transitar. Todo va al punto, sin más adornos que los que nuestra imaginación pueda elaborar, y eso es bien emocionante.

“El niño mariposa” no es una distopía innovadora ni que te vaya a cambiar la vida, pero sí que es un libro excitante y en extremo entretenido. Una historia que se deja leer sin muchas complicaciones y que te mantiene pegado a las cosas que van sucediendo. Una novela precisa, concisa y suficiente.

Pdta. No se imaginan la bella edición que Panamericana Editorial le ha regalado a este libro (y afortunadamente cambiaron la imagen en la cubierta, porque la original es terrible). Soy el fan número uno de la colección Narrativa Contemporánea y de la editora Margarita Montenegro.

En serio que es fea, parece cubierta de telenovela turca.


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