jueves, 11 de febrero de 2016

Reseña: Moxa el hijo del sol (Moxa #1) - Ernesto Zarza González


Un día hace muchos, pero muuuuuuchos años, unos sujetos emperifollados, haciendo muestra de su mente "avanzada" y de sentido de civilización, desembarcó en tierras desconocidas e inició su camino de descubrimiento a un mundo nuevo; un mundo salvaje. En ese proceso se encontraron con seres con un color de piel diferente, con costumbres arcaicas a su parecer y con creencias absurdas. En ese momento aquellos inteligentes hombres decidieron que era necesaria una gota de su cultura para hacer que aquella sociedad atrasada y retrógrada avanzara y se desarrollara. El modus operandi fue bastante particular, pues el pisoteo de credos, las vejaciones a la dignidad de los habitantes de esas tierras, la vulneración de su humanidad y el olvido de sus derechos fue la manera correcta que encontraron para hacer una transformación social que propendiera a un mejor futuro para todos. Poco respetable y muy discutible, pero así lo cuenta la historia.



Desde aquel primer encuentro con el mundo civilizado, la cultura colombiana se ha venido a menos día tras día. Hemos abandonado nuestras lenguas, nuestras costumbres, nuestros platos típicos, nuestros sonidos, nuestro arte, nuestras raíces... No hemos sabido entender el significado de convivencia y hemos permitido que la globalización carcoma lo que somos, que aunque para mucho parezca penoso, es demasiado valioso. Se le ha perdido el amor a un cocido boyacense, al ritmo a un porro, al sonido a nuestras cumbias, a las sonrisas de los indígenas. Hemos perdido una de las pocas cosas bonitas que tiene la absurda idea del hombre de crear fronteras, y es la formación de culturas que nos enriquecen como personas y nos enaltecen como seres humanos. Esos pequeños detalles que dicen mucho de nosotros pero que hemos ido dejando borrar, hemos dejado que su legado que debería ser indeleble se marchite en medio de papas fritas, coca cola y modismo del otro lado del charco. Estamos perdiendo lo que somos y parece no importarnos. No hemos entendido el concepto de convivencia.

Pero dentro de todo este oscuro panorama, hay algunos que se atreven a plantar en tierra poco fértil, a intentar reanimar aquello que parece muerto, y a dar un grano de arena en la búsqueda de nuestra reconstrucción cultural. Hoy vengo a hablarles un valiente que está tratando con sus letras de darnos un recorderis de lo que somos. Hoy vengo a hablarles de "Moxa el hijo del sol", la primera parte de la trilogía Moxa que surge de la mente de Ernesto Zarza González, con el apoyo de Ediciones B Colombia.

"El hijo del sol" nos narra nuestra propia historia, aquella que esos personajes que habitaron hace mucho el suelo que hoy pisamos vivieron, aquella que construyó lo que hoy somos y que seguramente muchos ni conocemos. Los muiscas, la cultura más inteligente de su tiempo (y si la comparamos con lo que somos ahora, seguramente la más inteligente en muchos aspectos de toda nuestra existencia), tuvieron que huir en busca de terrenos pacíficos y que no significaran un riesgo para su continuidad. Las tribus de la costa del país se empeñaban en cazarlos, por lo cual los muiscas decidieron asentarse en lo alto de las montañas, muy cerca de lo que hoy conocemos como zona cundiboyacense. Allí, ese pequeña civilización se convirtió en el ombligo del mundo y en todo lo bueno que su legado ha dejado escrito en el libro de la historia.

Como en toda civilización, las divisiones y las diferencias no se hicieron esperar, así que el reino muisca se quebró y se establecieron dos puntos de poder que se sumergieron en una lucha constante por quedarse con la todo. Zipagüecha era el cruel y corrupto encargado de gobernar el reino del sur, mientras que el Zaque Machatocha tenía a su cargo el reino del norte. Ambos buscaban afanosamente el favor del Dios Sua (el sol), el cual según ellos mismos basados en lo que sus chamanes les decían y lo que sus costumbres dictaban, se comunicaba por medio de la naturaleza, especialmente de las acciones de los cóndores. Este es el punto de partida para la historia que si deciden adquirir, podrán disfrutar.

La manera en que Zarza da vida a esta historia no puede tener otro calificativo sino impecable. La narrativa es inteligente y hábil, llena de elementos que enriquecen y dan más fuerza a lo que la historia cuenta de nosotros, no escatimando en la inclusión de la violencia malsana propia de dicha etapa (y de la actual), relatando de manera vívida los rituales arraigados en las sociedades de la época y tratando de manera acertada elementos surrealistas que se agradecen y potencian la obra.

Meterse en este libro es darse un lavado completo a todo lo que estamos acostumbrados a leer respecto de la literatura juvenil. Para nadie es un secreto que en las historias que de este tipo dominan la lista de los más vendidos en el mundo entero, incluido nuestro país, predominan arquetipos muy alejados de lo que somos los colombianos. Personajes de alta envergadura, de ojos azules y piel tan blanca como la leche. Eso es lo que la oferta nos da, las editoriales nos traen y lo que nosotros demandamos. 


En "El hijo del sol" la cosa es diferente. Los ojos azules están más perdidos que el bienestar público dentro de la tarea de un político. En este libro los personajes son mucho más parecidos a nosotros; son los artífices de que el color de piel de la mayoría de los de aquí tenga ese toque trigueño innegablemente atractivo, son nuestros antepasados. A medida que pasamos las páginas y vamos conociendo un poco de las costumbres propias de la época y de la cultura, como por ejemplo la de alabar a una persona para después permitir que la crucifiquen... Perdón, este es otro cuento que se cuenta en un libro más grande, pero que en cierto modo también se cuenta aquí... Siguiendo con lo que venía, en ese viaje de conocimiento cultural nos encontramos con miembros de la realeza muisca, con pigmeos bonachones, con panches desalmados y otros un tanto más amables, con magos inesperados, con héroes de la talla de superman, con amores épicos y dignos de ser contados, y con seres que personifican de manera correcta y precisa lo que hoy en día somos. No puedo pasar de este punto sin destacar a Cundarquyn y Cota, los protagonistas de esta historia. Un dúo dinámico espléndidamente llevado a las letras. Mi personaje sin duda es Zipagüecha, uno de esos malos que devanan tu cabeza y odias hasta el punto de amarlos.

Debo confesar que cuando empecé a leerlo, dibujé en mi mente aquello que las letras me nombraban como indígenas de nariz chata, labios gruesos, pelo en forma de totuma y ropaje ligero, como otros de tez blanca, nariz respingada, cabello en punta y labios bien definidos; igual situación se me presentó con la visualización de los reinos y de los lugares que se describen con el pasar de los capítulos. Fue la manera descriptiva en que el autor crea su novela y una autollamada de atención para abrir la mente y dejar la pendejada, la que me permitió ver que el mundo no es solo blanco y negro como tanto defiendo, sino que hay colores diferentes y que son igual de válidos e indispensables para el paisaje.

Llegué al final luego de un ritmo salvaje, atrevido, inocente, espléndido, vívido, verde, muy nuestro, muy bien elaborado, para encontrarme con quizá, el único lunar que pude detectar en toda la obra. Cuando se juega con una saga, personalmente creo que es necesario dejar picado al lector, ofrecerle un bombazo de tal magnitud que la necesidad de leer el siguiente libro sea inmediata, y a pesar de que si tengo muchísimas ganas de saber qué sigue en esta historia, el cierre careció de muchos elementos que a medida que las páginas pasaban iban dando poder al desarrollo del libro. En mi opinión, faltó un centavo para el paso como dicen por ahí.

"Moxa el hijo del sol" es uno de esos libros que llegan a tu mente para revolverla por completo. Escrita inmejorablemente, envuelta en una portada increíble, con un sentido académico agradecido y que ojalá en las aulas sepan aprovechar, con una mezcla exquisita entre realidad, ficción, fantasía e historia, con un cúmulo interesante de enseñanzas y llamadas de atención a tener en cuenta, y con una historia portentosa y digna de ser leída y difundida, esta obra reivindica y aprieta en mi muchas cosas que ni siquiera conocida, y me deja con una alegría inmensa en el alma al reafirmar la certeza de que aquí, en este país alejado del primer mundo, y en donde la gente es reacia a coger un libro, hay mentes brillantes que se atreven y apuestan al caballo menos opcionado, todo con tal de ofrecer experiencias diferentes, ricas, y en este caso, propias de lo que somos como colombianos.

Si buscan otro libro que viene de estos lados del mundo, y que trata lo que a la mayoría les gusta, pero con elemento diferenciadores y muy nuestros, les recomiendo "Iris" de Edmundo Paz Soldán. Un viaje tremendo.


"Día oscuros vendrán, pero el sol siempre saldrá"



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