Reseña: Las tempestálidas - Gueorgui Gospodínov

“Generamos pasado sin cesar. Somos fábricas de pasado. Máquinas vivientes de producir pasado, qué si no. Comemos tiempo y generamos pasado. Ni siquiera la muerte es una solución. La persona se ha ido, pero su pasado permanece”.

«Las tempestálidas» de Gueorgui Gospodínov, novela ganadora del Premio Strega Europeo y del Premio Booker Internacional, es una máquina del tiempo, un cronorrefugio del presente que nos permite habitar el pasado para así dar un vistazo a lo que viene. Porque como lo cita el libro, “cuando se dieron la vuelta, vieron su futuro…”.

Podría hablar de esta novela como una distopía en donde un escritor anónimo narra su recorrido junto a Gaustín, un psiquiatra enigmático quien, como tratamiento para enfrentar el alzhéimer, abre en Zúrich una clínica que rompe los límites de la historia y el tiempo. Allí, Gaustín recrea en cada habitación una década específica con el fin de hacer que los pacientes vuelvan a habitar épocas que aún recuerdan y donde se sienten ellos mismos una vez más. En la mesa de noche de una habitación hay una cajetilla de Lucky Strike, el tocadiscos de otra reproduce Dancing Queen de ABBA mientras en la pared de la última hay un afiche de la recién estrenada Volver al futuro.

Quienes no sufren de alzhéimer empiezan a visitar la clínica, buscando regresar a momentos en donde fueron más felices, o donde creyeron serlo. El fenómeno se expande a ritmo acelerado y ya no son solo clínicas, sino edificios, barrios, ciudades y países enteros los que se transforman para dar paso al pasado y servir de alivio a la insatisfacción frente al presente.

Esta ficción especulativa explora así la relación humana con la nostalgia, con los recuerdos que fueron y los recuerdos que quisiéramos hubieran sido, con el paso del tiempo, con la nociva manía de aferrarnos a lo que fue y volver a ello sin siquiera darnos cuenta.

También hay un fuerte componente histórico y político sobre el viejo continente, especialmente sobre su pasado que también es el de la humanidad vista como un todo y como un individuo. Al fin y al cabo, el todo es el reflejo de uno y nosotros somos el reflejo de un todo.

Esta obra fragmentada, casi que dos o tres novelas en una sola, también es una especie de radiografía de la historia, del tiempo y de la persona. Es un libro audaz y complejo, lleno de ideas y de idas y vueltas. Raro y también loco, tal como lo define Olga Tokarczuk, ganadora del Premio Nobel de Literatura.

En conclusión, una completa maravilla, de esas que cuestan (y sí que cuesta), que confrontan, que inquietan y difícilmente se olvidan.

¿En verdad todo tiempo pasado fue mejor? Veámonos en el futuro para debatirlo (o vivirlo).



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