Reseña: Dejad que los niños vengan a mí - Juan Pablo Barrientos

A finales del año 2015 se estrenó Spotlight, película que sigue la historia de una unidad de investigación del periódico Boston Globe que reveló un escándalo en el que la Iglesia católica de Massachusetts ocultó abusos sexuales perpetrados por diferentes sacerdotes. Mientras la mayoría de las personas salía de la sala de cine, el periodista colombiano Juan Pablo Barrientos permaneció en su silla mientras los créditos estaban en pantalla, los cuales le mostraron una lista de 206 ciudades en las que habían sido interpuestas denuncias por pederastia a diferentes sacerdotes, entre las que la única ciudad colombiana era Medellín.

De inmediato él comenzó un trabajo que lo llevó a ser merecedor en 2018 del Premio de Periodismo Simón Bolívar por su investigación Dejad que los niños vengan a mí, mismo nombre que lleva el libro que publicó un año después y que recoge tan solo siete casos de las decenas que Barrientos ha escuchado en los últimos años. Siete casos que son el reflejo de una realidad infame que ha hecho víctimas a miles de menores de edad en el mundo.


Estamos ante un ejercicio valiente, ante denuncia necesaria. Conocer de primera mano la historia de niños y niñas a quienes un sacerdote les jodió la vida, de familias que han buscado justicia de manera incansable, de jerarcas de la Iglesia que han preferido el silencio y la complicidad antes que la verdad y el apoyo a las víctimas, y de curas que van de pueblo en pueblo con la impunidad como escudo, resulta algo absolutamente devastador y desconcertante.

“La conducta de los sacerdotes como orientadores espirituales de toda una comunidad en quienes ella ha depositado toda su confianza y con respeto a la integridad moral de los niños implica obligaciones de hacer y de no hacer”. Estas palabras de una de las fiscales de los casos objeto de esta investigación dan lugar a hablar de un hecho gravísimo y es el aberrante aprovechamiento de su posición por parte de algunos clérigos para acercarse los niños, para hacerse parte de su cotidianidad y para aprovecharse de su inocencia. El texto deja entrever un modus operandi o un patrón por parte de los abusadores denunciados en el cual los ambientes de pobreza, los entornos violentos y carentes de oportunidades, la ausencia de una figura paterna en el entorno familiar y la confianza de la comunidad se convierten en la oportunidad perfecta para actuar.

Tomé esta foto y se convirtió en el insumo de muchísimos medios de comunicación nacionales en sus notas de prensa sobre el libro.

Otra labor que cumple este libro es contribuir al rompimiento de la creencia de que el abuso sexual radica exclusivamente en la penetración. Las acciones y palabras impúdicas también son abuso sexual. Una caricia licenciosa, una mirada lasciva o una frase morbosa también son formas de abuso sexual. La penetración es solo un tipo de abuso, no el único. Es imprescindible informarnos al respecto.

El trabajo de Juan Pablo Barrientos es también evidencia de un sistema injusto y poco amable con las víctimas y de una sociedad que escucha primero al adulto que al niño y, peor aún, que prefiere no prestar atención a este último, lo que deja como resultado que los afectados prefieran callar, cuando el silencio no es más que un enemigo que destruye poco a poco y sin contemplación.

Al mismo tiempo esta investigación se convierte en una voz de aliento para aquellos que han emprendido una búsqueda incesante por la verdad y la reparación y se han visto abandonados en el camino. Poner en las páginas de un libro o en los oídos de millones de oyentes estos casos puede llegar a hacer que todos prestemos más atención a las señales, que tengamos mejores herramientas a la hora de blindar a las víctimas y que sepamos que existe la justicia así no lo parezca. Siempre habrá alguien dispuesto a escuchar y ayudar.

Juan Pablo Barrientos y su libro. Foto de El Espectador.

Esta no es una crítica hacia la religión o hacia un Dios, sino un llamado de atención a una institución que calla y sirve de cómplice ante conductas inadecuadas que están destruyendo sus cimientos y permitiendo que la vida de muchas personas se vengan abajo. Una institución que encubre a sus miembros en el derecho canónico y es partícipe de un crimen sistemático.

Si hay algo que pueda objetar del trabajo de Barrientos es el asumir que alguno u otro hecho pueda entenderse de manera directa como un acto mayor. Pararnos frente a este espejo y darnos cuenta de lo podrido que está es totalmente indignante y duele muchísimo, pero emitir juicios a priori no debería ser el resultado. Quizás es solo algo que el modo en que el libro está escrito da a entender o quizá sea yo quien este presumiendo algo. No lo sé a ciencia cierta.

Cierro esta reseña del mismo modo en que cierra el libro: “Las culpas hablan, los pecados te pueden alcanzar, los delitos que has cometido vendrán por ti, tal vez mientras duermes. Atrás quedaron los callados de siglos atrás que expresaban en silencio su temor a Dios. Cada día más casos son denunciados y menos víctimas de abusos de miembros de la Iglesia callan sus dolores. Las grietas de la catedral han quedado expuestas”.


Pdta. 1: A días de la salida al mercado del libro, se interpusieron tutelas por parte de sacerdotes buscando censurarlo e impedir su distribución. Todas han sido falladas a favor de Juan Pablo Barrientos. Gracias a esto, cientos de personas salieron a las librerías y agotaron en par de días la primera edición de la obra.

Pdta. 2: Detrás de un pequeño dato puede haber una gran investigación.

Pdta. 3: No a la censura.

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