jueves, 29 de diciembre de 2016

Reseña: Un gato callejero llamado Bob - James Bowen

Hay muchas historias alrededor del origen del mundo en el que vivimos, y quizá la de mayor resonancia sea la teoría propuesta por la religión cristiana, en la que un ser todopoderoso creó el universo, nuestro planeta y a todos los que en él vivimos en un lapso de siete días.

Desde ese séptimo día en que todo estuvo consumado, no hemos estado solos en la tierra, y no me refiero a término personales, sino como especie. El creador se encargó de darnos compañía y sustento gracias a los animales y las plantas que también son habitantes del planeta Tierra al igual que nosotros, así nos empeñemos en sentirnos todopoderosos y reyes indiscutibles de lo que nos rodea.

Con el paso del tiempo y el desarrollo del pensamiento humano, diferentes civilizaciones han tomado figuras animales como deidades y parte central en la estructuración de su mitología. Un hombre con cabeza de león llamado Apedemak, un toro sagrado de la fertilidad llamado Apis, un macho de cuernos largos como personificación de la abundancia llamado Cernunnos, un murciélago chupasangre llamado Dúkur Bulu o una cabra representante de la divinidad rural llamada Egipán.

Apedemak, Apis, Cernunnos y Egipán
Quizá por la cercanía generada por los procesos de domesticación en los que se han visto envueltos, o por la magia que esconden sus ojos impenetrables, los gatos son en la actualidad los animales más populares del mundo (y por supuesto, nuestro reyes sin discusión), y una de las figuras más representativas de la mitología universal gracias a dioses como Bastet, Sekhmet, Freyja, Li Shou o los bakeneko, entre otros.

Indómitos, seductores, apacibles, perezosos, fieles, insaciables, hedonistas, cautivadores, selectivos, ágiles, inteligentes y mil cosas más. Es prácticamente imposible resistirse a un felino.

Los bakeneko, Bastet y Sekhmet
Pero la relevancia de los gatos no queda ahí. De la mano de la literatura, el cine y la televisión, personajes como Hello Kitty, el gato con botas, Chesire, los aristogatos, Garfield, Bola de nieve, Silvestre, Tom, Félix, Don Gato o Doraemon se han ganado un papel en la historia y en nuestra memoria.

Chesire, Doraemon, Félix, Garfield, Hello Kitty y Silvestre
El mundo avanzó a pasos agigantados y gracias a la tecnología las puertas de los medios de comunicación se abrieron a todo aquel con algo por mostrar, y eso le abrió paso a personajes del común al estrellato, y por supuesto los gatos no son ajenos a este interesantísimo fenómeno. Nala, Coby, White Coffee, Grumpy Cat, Pusheenn, Meredith (la gata de Taylor Swift), Tama o Maru aparecen en los feed de las diferentes redes sociales que visitamos diariamente, usualmente por las cosas que hacen y definitivamente por el hecho de ser abrumadoramente enternecedores.

Meredith, Grumpy cat, Nala, Maru, Tama y Pusheen
Del mismo modo en que nuestro universo tuvo un origen, la relevancia de los gatos en el mundo de las redes sociales también lo tiene. Quizá hubo otros antes que él, pero estoy seguro que gracias a Bob todo cambió para los felinos.


Este personaje saltó a la fama a nivel mundial gracias a los videos que le tomaba la gente en las entradas de diferentes estaciones del metro de Londres, en las cuales acompañaba a James Bowen, músico callejero, vendedor de periódicos y autor de "Un gato callejero llamado Bob", el catseller más vendido de la historia (también llevado a la pantalla gigante), protagonista de esta reseña.


Aquí nos encontramos con un relato autobiográfico en el que Bowen nos cuenta cómo un gato llamado Bob, quien un día apareció frente a la puerta de su apartamento en Londres, llegó a su vida para ser pieza clave en su proceso de transformación.

Este es un libro sencillo en todos los aspectos que puedan imaginarse. El lenguaje es sumamente digerible, la trama es muy cotidiana y ciertamente plana, y el texto no tiene mayores complicaciones ni giros inesperados. A primera vista podríamos aseverar que estamos ante un libro sin alma y algo vacuo, pero no es así, pues este posee un grado de emotividad envidiable.

El fuerte de la historia de este hombre en pleno proceso de rehabilitación a su adicción a las drogas es el tinte de superación personal que sin querer venderse ni mostrarse de ese modo, termina entregando. Aquí no tratan de decirnos como debemos actuar para cambiar nuestra vida, ni de darnos pasos para ser mejores personas, o mucho menos adoctrinarnos en una serie de rutinas para hallar nuestro equilibrio emocional, sino de ponernos frente a un relato sincero e íntimo de la travesía desde la oscuridad a la luz de un hombre común y corriente, el cual es realmente valioso de cara a ejercicios de reflexión frente a la vida. Un libro girar las tuercas de tu pensamiento, sin necesidad que en la portada, la sinopsis o el contenido se repita hasta el cansancio que te va a cambiar la vida.


Todo en la existencia de James sigue un curso normal entre sus jornadas de conciertos improvisados en diferentes estaciones del metro de Londres y sus visitas al centro de rehabilitación que sigue su proceso, hasta que un día un pequeño compañero de tonos naranja (¿sabían que los gatos de este color suelen ser más activos y juguetones que los demás?) algo maltrecho, está sentado sobre el tapete que está frente a la puerta del apartamento en el que vive. Sin importar lo que cada uno hubiese hecho antes de conocer al otro, ambos deciden que de ahí en adelante sus vidas estarán ligadas. No imaginan la impensable y encantadora relación que este par nos regalan. Tal como dice James en un paraje del libro, "no hay nada más bonito que encontrar a alguien, y que ese alguien también te encuentre a tí".

El día a día de este par de amigos está lleno de situaciones algo divertidas, muy tiernas, y ante todo, agradecidamente inspiradoras. El grave problema del asunto, es que el desarrollo de la novela y el transcurrir de las acciones se siente demasiado repetitivo en gran parte del libro, lo que sin duda alguna termina afectando la experiencia de lectura.

Pero si hay algo que me agradó de esta propuesta, y de todas las que incluyen animales, es que generan conciencia respecto de la relevancia y el papel que juegan estos compañeros de vivienda en lo que somos como personas, y los efectos positivos que pueden llegar a formar en nosotros. Conozcan a Bob. Cuiden a los animales. Protejan a los que tienen la calle como su hogar. Aprendan de ellos.

"Un gato callejero llamado Bob" es un libro que se lee en par patadas, que logra entretener al lector y aportar algo con base en las lecciones de vida que trae implícitas. Nunca subestimen lo que puede lograr el maullido de un gato, bien dicen por ahí que ellos son los verdaderos dueños del mundo.


Tomada de enelnombredelgato.com


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