jueves, 22 de diciembre de 2016

Reseña: El dragón blanco y otros personajes olvidados - Adolfo Córdova


Habiendo recuperado casi todas las partes de la destruida puerta blanca con flores rosadas que servía de túnel dimensional entre el mundo de los monstruos y el cuarto de Boo, Mike Wazowski se la presentó a su mejor amigo de toda la vida, James P. Sullivan, quien se quedó inmóvil al verla. Sully guardaba en su carpeta de indicadores un dibujo que Boo había hecho de sí misma junto con la única pieza que faltaba para que la puerta estuviera completa.

Desde el día en que se despidieron, Sully se recostó en su cama todas las noches pensando en lo felices que fueron los días cuando esa pequeñina de coletas y blusa violeta le enseñó el verdadero sentido de la vida. Cada jornada acompañaba a Mike en su búsqueda de energía a base de la risa de los niños deseando poder volver a ver a Boo, y la oportunidad estaba en ese pedazo de madera que mantenía muy cerca a cada minuto de la jornada.

El grandulón de pelos atrevidos y sonrisa enternecedora encajó su pieza en la estructura que tenía al frente, mientras el jocoso demonio de un solo ojo le avisaba que la luz roja estaba encendida. La conexión entre la habitación de Boo y el mundo de los monstruos estaba restaurada.

Sully abrió lentamente la puerta, temeroso y a la expectativa de lo que pudiera haber del otro lado. ¿Boo aún se acordaría de él?, ¿habría cambiado de casa?, ¿lo odiaría por haberla abandonado?, ¿realmente todos los juguetes en esa habitación estaban libres de toxicidad humana?

Tomada de snopes.com

La puerta se abrió y Sully vio que todo era tal como lo recordaba, con un tapizado de líneas franjas rosadas gruesas y otras de color blanco un poco más delgadas con flores en su interior, el suelo minado de juguetes y obras de arte infantiles decorando el espacio.

Boo acababa de lavarse los dientes y recibir el beso de buenas noches de su mamá, pero no tenía sueño. Llevaba semanas soñando con todas las aventuras que había vivido del otro lado de la puerta de su armario, y dibujando a esos seres extraños que la habían acompañado. De la nada, sintió el chirrido de la puerta al abrirse y con todo el valor ganado luego de vencer al monstruo reptil Randall, centro su vista en la puerta dispuesta a todo, pero lo que vio, no hizo más que hacerle latir el corazón de emoción.

Sully escuchó un "Gatito" que le pintó la sonrisa más grande de su vida en el rostro, y lo hizo correr de emoción a abrazar a la pequeña Boo. Ese pequeño cuarto se transformó de pronto en un campo azucenas y tulipanes en donde el sol brillaba con fuerza y el viento mecía el césped ante la carrera de las mariposas de miles de colores que competían por quedarse con el mejor polen. En el centro de todo, un abrazo fundido y silencioso entre dos seres de características y mundos diferentes que se amaban de un modo fraternal e inexplicable.

Al separarse, Sully notó parte del pelaje de su pecho aplastado por el efecto de las lágrimas de la pequeña que lo miraba extasiada. Él apartó cuidadosamente los juguetes del suelo pues sabía que cualquier ruido podría hacer que los padres de la niña fueran a revisar, y ahí sí que tendría problemas.

Boo se sentó en el suelo junto a Sully, y le entregó un oso mediano de peluche de color morado y olor a fresa, mientras ella se corrió por el vaquero que yacía junto a la puerta por la que su amigo había entrado hace un rato.

Habían pasado meses desde la última vez que se vieron, pero la conexión entre ambos seguía latente. Entre juegos, risas ahogadas y muchos abrazos, este par amigos volvieron a ser felices.

Sully no supo si habían pasado minutos u horas cuando Boo dio su último bostezo y cayó profunda entre sus brazos. Él la recostó en la cama junto al oso y al vaquero, y luego de abrigarla lo mejor que pudo, le dio un beso en la frente y regresó de nuevo a su mundo.

Pero ese no sería el único reencuentro que le esperaba a la niña quien dormía plácidamente, pues contra todas las apuestas y atravesando casi medio mundo, Randall había logrado dar con su paradero, y se disponía a irrumpir en la casa por el tubo exterior de la chimenea con el único objetivo de saldar las cuentas pendientes que tenía con Sully desde la universidad...


Hay libros, películas, obras de teatro, novelas, series y videos musicales que al terminar, me dejan muchas inquietudes, y la más recurrente de ellas es qué pasaría más adelante con la historia que se estaba contando, especialmente con la de aquellos personajes que sin ser protagonistas, son realmente significativos en el desarrollo de todo. Actualmente la literatura infantil y juvenil está recibiendo una oleada de retellings que están dando nueva vida a los cuentos con los que muchos crecimos, y es allí donde me encuentro con "El dragón blanco y otros personajes olvidados" del mexicano Adolfo Córdova.

Para iniciar, debo destacar la presentación de este libro y de gran parte de la colección infantil e ilustrada que maneja el Fondo de Cultura Económica, pues es de altísima calidad a un precio tremendamente competitivo. Si quieren dar un buen regalo y no quedar endeudados, pueden pasarse por el catálogo del FCE y encontrarán muchas cosas interesantes.

Aquí nos encontramos con seis personajes secundarios de varias de las historias más importantes de la literatura infantil y juvenil, que nos cuentan cómo llegaron a ser lo que conocimos, o qué pasó luego de leer el punto final en donde ellos no eran protagonistas.

Un gato sonriente proveniente del país de las maravillas, un dragón blanco habitante de un mundo interminable, una niña de pelo turquesa vecina de un pequeño al que le crecía la nariz cuando decía mentiras, un príncipe a quien un saco sin terminar le jugó una mala pasada, un mono volador amigo de un león y un hombre de hojalata, y unos adultos que recuerdan con nostalgia esos años en que anduvieron perdidos por tierras desconocidas, son los héroes de este libro.

Adolfo Córdova construye grácilmente seis historias cortas completamente inéditas a partir de las bases ya planteadas por otros autores en relatos que muchos ya hemos al menos escuchado mencionar. 


Los mundos que el autor levanta para cada uno de los homenajeados son particularmente interesantes y agradecidamente apegados a la narrativa de sus historias origen, sin que esto dé la percepción de estar visitando lugares comunes y ya recorridos. Resulta emocionante verse de repente en un tren de pensamientos mientras los cisnes se hacen hombres y los platos están completamente vacíos en una cena en la que todos están satisfechos sin haber probado bocado alguno.

Hay otra cosa que se mantiene firme respecto a los cuentos de los que estos personajes surgieron, y es la intención de transmitir un mensaje que sirva de enseñanza para el público objetivo que son los niños en paso a la adolescencia (y si el efecto se traslada también a los más grandes pues mucho mejor). Cada una de las historias cuenta algo fantástico y entretenido, sin dejar de lado ese trasfondo reflexivo y social tan necesario. Se abordan temas tan relevantes como la amistad, la aceptación, el derecho a recordar y la libertad de expresión, entre muchos otros.

Las tramas son bastante sencillas y pueden calar perfectamente en todo tipo de público sin importar la esfera por la que se mueva, pero no pasa lo mismo con el lenguaje utilizado que también se mantiene firme respecto a las historias origen, pues por momentos se siente demasiado elaborado y no tan ligero como debería, y de cara a un lector principiante o solitario puede no ser algo tan positivo.


El punto más fuerte de esta obra es el apartado gráfico que la acompaña y la potencia. No hay adjetivos suficientes para describir el trabajo de Riki Blanco. Los tonos tierra empleados son correctos y le dan al libro un toque sobrio y antiquísimo, las imágenes tienen el grado de detalle adecuado y se dibujan entre trazos elegantes, y la intención del autor está eficazmente plasmada en imágenes. M A G I S T R A L. Nada más por decir.

Algo que agradecí al terminar de leer varios de los cuentos, fue el contar con un lienzo con una parte vacía en la que puedo seguir construyendo la historia a mí manera, lo cual es una de las mayores cualidades que tiene un literatura, especialmente la dirigida a niños y jóvenes, y es la capacidad de despertar y poner en marcha la imaginación. Aún estoy pensando qué andaría haciendo Peter mientras las campanas de la iglesia sonaban...

"El dragón blanco y otros personajes" es un libro entrañable que disfrutarán tanto quienes no conozcan nada de las historias base que dan el punto de partida, como aquellos que regresen a mundos conocidos para vivir nuevas experiencias. Una obra inteligente, fantástica y sumamente divertida.

Gracias a Abril por mostrarme a través de la literatura, un poco de todo el talento que emana de Latinoamérica.


1 comentario:

  1. Hola
    Es una historia que me hace ilusión leer, porque me ha pasado muchas veces, no solo con los cuentos clásicos, sino con muchos libros o películas, en las cuales me pregunto ¿que paso despues? ¿y los personajes secundarios, fueron felices? por lo cual me encantan este tipo de historias y que tenga un apartado para mi propio final es más que genial
    Gracias por compartir tu opinión.
    Ataque Friki

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