martes, 18 de octubre de 2016

Reseña: Y por favor, miénteme - Fernando Araújo Vélez

Escríbeme, como el otro día, que no me tome tan en serio a mí mismo, y explícame de nuevo aquello de que patético no es ridículo pues viene de pathos, de pathos pasión, de pasión padecer. Explícamelo de nuevo con tu letra de antes de la guerra y con tus palabras, no con las de los psiquiatras que te atienden, y cuéntame una vez más cómo fue aquella tarde en la que llegaste a la sublime conclusión de que si te tomabas en serio, tan en serio, si nos tomábamos así, íbamos a tener que matarnos todos de aguda gravedad.

Dime que lo que escribiste entonces aún es cierto, que has preferido contemplar, como los griegos, a invertir; que el futuro ya no te persigue; que los perros y los gatos y los caballos deberían tener tantos derechos sobre el mundo como nosotros los humanos, como tú o como yo; que el mejor amor puede durar sólo 20 días y luego ser un perfecto y cada vez más perfecto recuerdo; que la culpa, las culpas, ya no son puñaladas que te desangran gota a gota, pues tú no puedes ser culpable de ser tan humana, perversa, frágil, bondadosa, arrogante, vanidosa y humilde a la vez.

Envíame una carta, una de esas cartas de sellos y buzón, si es que te dejan salir un rato, porque quiero sentir la ansiedad de aguardar a que llegue el cartero y deje el sobre bajo la puerta de mi casa, como ocurría antes. Quiero que la ansiedad y la espera me lleven al mito, a imaginarte cada una de las horas de los días que te faltan por salir, y no verte ya como eres, sino como te recuerdo, o como prefiero recordarte. Agrégale un dibujo, si quieres, un dibujo de lo que ves por tu ventana para que yo pueda ver lo mismo, para que por unos minutos me sienta en algo como te sientes tú, y ser tú.

Miénteme, que las mentiras a veces son un bálsamo, y a estas alturas, yo las prefiero a esta eterna culpa que me corroe. Miénteme, por favor, y dime que ya olvidaste, que ya no sabes quién llamó al sanatorio aquella noche de lluvia y que tampoco entiendes de dónde salieron las cicatrices que rodean tu muñeca.



Las personas como los libros: hay miles de millones en el mundo, pero encontrar aquellas que conecten contigo y quieras llevarlas prensadas a ti (de alguna manera) por el resto de tu vida, no muchas. Afortunadamente, y no tan de vez en cuando como solía pensar, hay una que otra obra que llega, sorprende y se instala descaradamente en la memoria, en las fibras y en el ser. La cita inicial de esta entrada hace parte del libro del que vengo a hablarles el día de hoy: "Y por favor, miénteme" de Fernando Araújo Vélez (sí, el columnista de "El Espectador").

Lo primero que vale la pena mencionar, y que es obligatorio e imperante decir, es que gracias a este libro descubrí una propuesta editorial independiente de las muchas que hay en este país intentando abrir puertas, dar alas a las letras y nuevos ojos a los lectores. Sílaba Editores le apuesta a ediciones de calidad, cuidadas, con detalles en la impresión que se agradecen y que llevan en el alma vivencias que dejan con muy buen sabor de boca, como de la que vengo a hablar el día de hoy. 

"Y por favor, miénteme" nos cuenta la historia de la familia Vila, poderosa económica y políticamente en la costa Caribe colombiana por allá en los 1900, la cual es aparentemente perfecta, pero guarda en sus entrañas una serie de secretos que la carcome sin reparo alguno.

Cuando me tope con este libro, me encontré con una portada sencillamente maravillosa, con una combinación de colores acertada y un punto de conexión con lo que guarda dentro de sí misma muy significativo, y que bien podría deberse al hecho de que fue el propio hijo del autor quien la elaboró. Sencillamente maravillosa.

Fernando Araújo Vélez nos regala un idilio poco idílico entre los primos Vila, Helena y Dionisio, el cual se desarrolla en un ambiente político sesgado a más no poder (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia), en medio de una sociedad colapsada y recién abriendo los ojos (la carta que sirve como derrotero para esto último es simplemente soberbia).


Este es uno de esos textos que parecen estar contándote una historia pequeña y de dimensiones muy personales, pero que a medida que van avanzando encierran un sinfín de elementos que los convierten en algo macro, lleno de significado y que se pintan en un contexto global; algo así como el efecto que puede llegar a tener una mentira que consideramos piadosa, de esas mismas que con el paso de las páginas vamos a ir viendo. "Y por favor, miénteme" consigue hacer de la historia de una familia el reflejo verídico y perenne de un mundo corrupto e inequitativo en donde los órdenes y preceptos no son ciertamente justos, y la vida se convierte en un ejercicio de supervivencia para la gran mayoría.

El libro nos habla de una Colombia desigual en donde quien tiene el poder se aferra a él y busca al modo que sea mantenerlo e incrementarlo, sin importar por encima de quien pueda llegar a pasar; nos cuenta verdades llenas de mentiras en donde la traición es la única certeza; nos cuenta una historia de amor espinosa e improbable que perdura en el tiempo y se transforma como el cuerpo después del último respiro. El libro nos narra un pasado que sigue siendo un tiempo contemporáneo, así nos empeñemos en decir que vivimos tiempos mejores.

Algo particular en el estilo de la novela es la presentación que tienen los diálogos, pues el autor no acude a las comillas o los guiones que normalmente se ven, sino que pone a conversar a sus personajes al mismo ritmo y al mismo son al que la historia va bailando. En un solo párrafo piensas, sientes, hablas, ves y respiras, y lo mejor del cuento es que te sientes bien con la manera en que todo sucede. Adicionalmente el libro trata de hacer un juego de tiempos y de momentos mediante el cual se va pintando el recorrido pieza por pieza hasta que el rompecabezas queda completo.

Las descripciones que se realizan tanto de los personajes, como de las locaciones por las que se mueven y el momento histórico en el que estos viven van al punto y son muy precisas contextualmente hablando. Resulta fácil sentirse identificado con la locura, desespero, deseo, animadversión, sorpresa, envidia, dolor y demás estados por los cuales el libro transita mientras de fondo un ingenio azucarero es construido a la luz del sol cartagenero que invita una cerveza luego de una extenuante jornada.
Esta novela de aires históricos y poéticos cuenta con un compendio de voces que al unísono se transforman en el punto más destacado dentro de toda la propuesta. Fernando Araújo Vélez les da una identidad marcada, pero que muta conforme la situación lo va mandando. Los personajes van de la mano de lo que sucede y actúan de acuerdo a sus instintos, sus impulsos y sus sensaciones. Nos son seres inertes y sin alma así sus acciones digan lo contrario. El autor nos regala seres reales, fuertes y que no temen hablarte y hacerte testigo de sus miedos y secretos.

Pero sin lugar a dudas es el narrador omnipresente y recóndito el verdadero ganador en esta partida, pues gracias a él es que la novela adquiere aires inesperados y una narrativa que es difícil de abandonar. El autor saca muchas cosas de su ser y las deposita en este compendio de páginas para ofrecernos algo íntimo y ciertamente subjetivo; puede que los hechos allí narrados surjan de la inventiva y la imaginación, pero el evidente toque de realismo que los impregna termina imponiéndose.

Tuve la oportunidad de sentarme a tomar café con Fernando, mientras hablamos de la vida, de lo efímero del sentir humano en la actualidad, de la emoción de vivir un gol de tu equipo favorito, del vanidoso mundo editorial, de la importancia de no imponer sino acompañar en el ejercicio de crear dentro de la academia, de las cuitas detrás de su primera novela, de la apuesta por lo alternativo y no por lo evidente, y de muchas otras cosas que me dejan clara la brillantez del personaje que tenía sentado frente a mí en ese instante, cosa que confirmo luego de leerlo.

"Y por favor, miénteme" es un libro inesperado y que sorprende de la manera más grata posible. Un relato individual que transmuta a lo universal, sin hacerse vago o perdiendo en el camino su esencia. Un compendio de lecciones que no basta dejar de repetir para ver si algún día las entendemos. Una historia melancólica y cargada de sentimientos, tejida en una prosa exquisitamente elaborada. Sin duda alguna una de las mejores lecturas de mi 2016.

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