martes, 30 de agosto de 2016

Hablemos de paz

Soy habitante de un país que lleva sumergido en la violencia hace más de medio siglo. Esta problemática de dimensiones inconmensurables ha traído consigo terribles consecuencias que de uno u otro modo, y en mayor o menor proporción, han calado en cada uno de nosotros. Un estado corrupto y claramente apartado de los ideales del pueblo, una sociedad apática y desmemoriada, unos objetivos desdibujados por la ambición y los caminos fáciles, un atraso en términos de desarrollo que parece infinito, una sensación constante de desconfianza ante nuestro prójimo, miles de infancias perdidas en medio de balas y abusos, abandono del campo por causa del desplazamiento forzado, derechos humanos violentados por doquier… Bien podría quedarme toda la vida enunciando lo que la violencia ha significado para mí país (y para el mundo entero), pero esa no es mi intención.

Tomada de elfichero.com

Puede sonar repetitivo, cliché o lo que quieran, pero las oportunidades se presentan muy pocas veces en la vida, y está en cada uno de nosotros dar un paso adelante para aprovechar todo lo que de ellas venga.

Actualmente Colombia está ante un escenario que luego de tantos fracasos e intentos fallidos, parecía imposible. Un escenario histórico.

Muchos dicen que un acuerdo con un grupo al margen de la ley no es la solución definitiva, que una firma no causará la paz inmediata, o que un apretón de manos no será el “y vivimos felices por siempre” que tanto buscamos. Quizá todo lo que mencioné no sea el final del camino, pero sí es el principio de una nueva historia, el primer ladrillo en la construcción de una nueva Colombia. El “Erase una vez” del cuento que pensamos escribir.

Llevamos más de 50 años viviendo en un lugar que ha hecho de la violencia su doctrina de vida, y eso ha causado en todos nosotros una sensación arraigada de miedo y desconfianza. Pero es tiempo de cambiar el chip y de ver más allá. Es tiempo de ver las ventajas que tiene el pensar en una nación en donde el perdón, la justicia y la redención vayan de la mano; en donde dejen de invertirse millones y millones en armas y camuflados; en donde la salud y la educación sean un derecho y no un privilegio; en donde podamos salir tranquilos a la calle sin los temores inculcados que esta eterna etapa han dejado marcados en nuestro ser.

Ad portas de la firma de un acuerdo de paz han llegado a mí letras hablando de la guerra. Han llegado párrafos de reflexión y concientización ante la peor parte de nosotros mismos. Han llegado páginas llenas de espejos ante la cara que deberíamos dejar de lado.

Janne Teller podría ser definida de muchas maneras, pero prefiero condensar todas las palabras que he encontrado sobre ella en una concepción que puede parecer pretenciosa, pero que considero es certera y muy válida. Más allá de sus letras, su trabajo como activista en defensa de los derechos humanos, sus conocimientos en materia de economía, sus reflexiones acerca de la vida, y todas las demás cosas que haya hecho y le queden por hacer durante su existencia, Janne Teller es una mujer de paz. Reflejo de lo mencionado es el discurso impreso en tinta sobre el papel en su pequeña pero gigantesca obra, “Guerra”.

Cuando hablamos de paz y de un acuerdo tan trascendental como el que se encuentra en la agenda de discusión nacional, es importante no solo sentarnos a revisar qué está plasmado en ese documento, sino a reflexionar acerca de a qué le estamos apostando con un sí, o con un no ante el mismo. “Guerra” de Janne Teller es un relato corto que resulta perfecto de cara a ponernos de pie ante estragos de la violencia que muchos jamás vivimos en carne propia. No se centra en lo explícito y amarillista que suele ser la gallina de los huevos de oro de los medios de comunicación, sino que intenta crear una experiencia mucho más profunda y sensitiva, en donde el lector es el total protagonista y elector de su destino desde la sala de su casa.

Quizás el mayor acierto y lo más valioso del texto de cara a nuestro presente, es la contextualización del mismo, pues no nos habla de conflictos al otro lado del mundo o de años en los que la energía eléctrica era un lujo, sino que nos mete de lleno en lo que está pasando. “Guerra” se desarrolla, vive y padece en la Colombia hoy, esa que está ante una oportunidad de dar una vuelta a la tuerca que puede ser definitiva no solo para el estado ni para los grupos al margen de la ley, sino para todos y cada uno de nosotros como nacionales de este país. Un libro sensato, al punto y totalmente recomendado, especialmente para el momento, pero útil en cualquier instante de la historia. 

La paz no es algo que surja por arte magia; como todo proceso humano y social requiere de pruebas, de errores, de tiempo y de acciones. No importa si nuestra respuesta será sí o será no. No importa si el personaje líder en el proceso nos agrada o nos molesta. No importa si el vecino nos dice idiotas por querer marcar una casilla u otro. Lo que realmente importa es que leamos, veamos y escuchemos; lo importante es que nos informemos y seamos parte de lo que está pasando y que dejemos de lado ese toque de indiferencia que lamentablemente nos caracteriza y que claramente nos tiene como nos tiene.

Mi invitación después de todo esto es a imaginarnos un mejor país. Mi invitación es a darle la oportunidad a un discurso diferente. Mi invitación es a salirnos de la zona de confort. Mi invitación es a poner nuestro granito de arena, y apostarle al cambio. Mi invitación es a paso a paso construir un mejor lugar y una mejor sociedad. Esa, es mi pequeña invitación.



6 comentarios:

  1. Hola Esteban, me gustó muchísimo esta entrada, es exactamente lo que pienso y por supuesto hay que darle una oportunidad a la paz luego de tanta violencia. Si mi voto puede contribuir y poner el granito de arena para salvar aunque sea una sola vida en mi país, mi voto es sí, ¡SÍ A LA PAZ, NOS LA MERECEMOS!, ¡Saludos!

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    1. Hola Isabel :)

      Es bonito encontrarse con comentarios como este. Tenemos que trabajar por la paz. Ojalá algún día podamos vivir en ella.

      Gracias por pasarte por aquí.

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  2. Juli me agrada conocer gente como tu que aunque seamos jóvenes no cerremos los ojos ante esta sociedad que cada día está decayendo... Y Como dices hay que aportar nuestro granito y cambiar el Chip... UN SI POR EL CAMBIO.. Saludos

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    1. Gracias por tus palabras :) En cada uno de nosotros está hacer el cambio que necesitamos.

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  3. Buena tarde de sábado, Esteban. Así, como mencionas, Janne Teller es una mujer de paz. Y su expresión y palabras me lo dieron por cierto, en su presentación del libro Guerra, en días anteriores. La siente y mejor que nada puede darnos luces sobre el significado de esta.
    La sencillez, o corto del libro, son la mejor muestra de que por estar pensando en nosotros olvidamos al semejante. Ese libro se me dio como un imaginario de quien respira un aire que no es el suyo, seres sin identidad, que deben seguir viviendo, muy a pesar de todo, y a veces sin un retorno a su origen porque después de las guerras el sentido de humanidad queda como estancado, sin razones para renacer. Creo que con Guerra en la interpretación hacia nuestro País, hay en su fondo más que una invitación a la conciencia social, un anhelo por que sea la Paz el nuevo aire. Pero me queda la incertidumbre de por qué se han de escribir libros para llamar a la conciencia, al deseo de vivir tranquilos, y no se, con momentos de felicidad. Tal vez mientras gaste unos minutos en su lectura; alguien necesitara de esa conciencia a la que ella llama y muchos son esquivos.
    “ .. Alguien robo tu vida y convirtió en otra cosa…” J.Teller
    Siempre un gusto leerte. Saludos Luisa Adriana

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    1. Luisa :)

      Este es un libro como los mejores perfumes: pequeño, pero exquisito. Te pone de frente a una realidad que crees haber vivido pero que simplemente has observado desde la grada. Es maravilloso lo que logra Teller en tan pocas páginas.

      Gracias por pasarte por aquí :)

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