martes, 28 de junio de 2016

Reseña: Los diletantes - Antonia Romero

Recuerdo que en una de las cadenas de televisión nacional de mi país, por allá entre 1997 y 1999, los sábados en la noche eran espacios dedicados exclusivamente al cine de terror. Precisamente una tarde de sábado, mi prima y yo nos encontrábamos en plena disputa intergaláctica con la sala de la casa como campo de batalla y los cojines de los sofás como nuestras armas de contienda. De repente, un sujeto de abrigo rojo, tez pálida, ojos grises y dos senos de cabello en su cabeza, apareció en la pantalla de 14 pulgadas sin control remoto que habitaba la casa de mis papás. El juego se detuvo y no pudimos más que quedar hipnotizados ante lo que nuestros ojos estaban viendo y nuestros oídos escuchando:

"Hoy, a las 10:30 de la noche, no se pierda en Premiere Caracol la aterradora historia de Drácula"

Corrimos hasta la cocina y le pedimos a mi mamá que llamara a mis tíos y les dijera que por favor dejaran quedar a mi prima esa noche en casa para poder seguir jugando y de paso, ver a ese sujeto maligno que en medio de un oscuro paisaje se nos había presentado.


Cuatro horas después estábamos tirados en el suelo, con palomitas en un tazón gigante en frente nuestro, un vaso de gaseosa en nuestra mano derecha, y nuestros ojos abiertos de par en par ante la pantalla del televisor. Mi primer encuentro con un vampiro no fue tan espeluznante como hubiese podido imaginar, y es que el cansancio de un día de juegos, y un inicio inentendible para nuestras jóvenes mentes terminó dándole la bienvenida a Morfeo.

A pesar de la importancia que los vampiros tienen en el mundo del terror y las historias de miedo, desde ese momento mi relación con ellos no ha sido la mejor, y la cosa se puso aún peor cuando hace algunos años la hórrida atmósfera que los bañaba fue vilmente permeada por la cursilería de las etapas de la luna hechas libro y luego una adaptación cinematográfica. A partir de ese momento mi historia con los colmillos sangrientos quedó en el baúl de los recuerdos.

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá en su versión 2016, me encontré con una de las portadas más desagradables con las que haya podido toparme alguna vez en la vida. La gente de Ediciones B cometió un descache tremendo con el apartado gráfico utilizado en "Los diletantes", la primera entrega de la pentalogía "El quinto sello" de Antonia Romero. Puede que para algunos la cosa no sea tan grave, e incluso hasta les llegue a gustar, pero el 100% de las personas a la que he consultado han estado de acuerdo conmigo: el primer plano de la señorita en la cubierta no es nada llamativo, sino todo lo contrario.

Pero si algo he aprendido con los libros, es que uno no puede dejarse llevar de las apariencias (Lean "La reina roja" y se darán cuenta porqué lo digo), así que dejé a un lado los prejuicios tanto por la portada como por el universo de los vampiros, y me di una oportunidad en este mundo desconocido.

"Los diletantes" nos cuenta la historia de Ada, una adolescente que pierde a sus padres en un accidente automovilístico y se ve obligada a mudarse a casa de su hermana, pasando de una metrópoli a un pequeño pueblo, y así cambiar por completo su manera de vivir. Con motivo del accidente, Ada empieza a experimentar una serie de cosas sumamente extrañas cuando toca a alguna persona; visiones de la vida de todo aquel que entra en contacto con ella empiezan a pasarse por su cabeza.

Pero lo que Ada no sabe es que la muerte de sus padres, sus constantes y extrañas visiones, y su amor por tocar el piano la llevarán a descubrir más sobre sí misma y sobre el orden del mundo de lo que ni en su peor pesadilla o en el más bello de sus sueños hubiese podido vislumbrar.

Como lo mencioné anteriormente, este libro llegó a mí bajo una ola de prevenciones y un halo de prejuicios que me llevaban a tener las menores expectativas sobre el mismo. Pero para mi sorpresa, me encontré con cosas bastante interesantes.

Lo primero que te encuentras una vez abres el libro, es una narrativa sumamente sencilla, cero pretenciosa, agradecidamente cercana y tremendamente contemporánea. Antonia Romero crea una historia vivamente digerible y disfrutable en donde los conflictos de una adolescente muy creíble se ven envueltos en un mundo fuera de su entendimiento en donde la elegancia, la guapura y la crueldad se entremezclan.

Dentro de ese aire contemporáneo y modernista que impregna a "Los diletantes", la creación de los escenarios y las situaciones por las que se mueve Ada en el colegio, en la calle o en su casa, son completamente verosímiles (exceptuando el toque de ficción que implica encontrarse con un vampiro en la esquina de tu casa y ciertas cosillas romanticonas que dentro de esto parecen completamente salidas de los cabellos y de las cuales ya habrá espacio de comentarios). Es muy fácil creer lo que las líneas te van contando y sentirte identificado con muchas de las cosas que pasan; y si a eso le sumamos el hecho de que la autora se dio a la tarea de darle una banda sonora a su obra, que seguramente a muchos nos traerá recuerdos y nos robará unas sonrisas nostálgicas, la experiencia que se construye fue claramente atractiva a mi modo de ver y de sentir la propuesta planteada.

En esta primera entrega el sentido introductorio es evidente, pero no por ello deja de lado la emoción y se dedica netamente a la ambientación; Antonia Romero es muy astuta y a medida que te va contando el día a día de Ada, lo que sucede en su colegio, lo que la llevó a convertirse en la joya de la corona para los diferentes clanes de vampiros, y la historia detrás de cada uno de estos, va poniendo en el camino una serie de actos que plagan el recorrido de una emoción con un aire de sutileza intensamente agradable y que se goza a la lectura.


Y es el elemento de los clanes, su conformación, sus características, su leyenda y su trasfondo, el elemento que más me atrapó dentro del desarrollo del libro. La autora batea un home run en la construcción del universo de los vampiros bajo el que decide trabajar, y esto lo soporto en la buena manera en que describe las diferentes razas, el porqué de sus actitudes, las escalas jerárquicas bajo las que se manejan, y un sinnúmero de detalles que no queda más sino sentarse y disfrutar. No solo imagina una sociedad, sino que se encarga de a punta de pinceladas darle matices atrayentes que le dan un color más vistoso al cuadro en su totalidad.

Dentro de estas razas o clanes de vampiros, y sumando por supuesto a los seres humanos, vamos encontrándonos con una serie de personajes con los que personalmente me sentí muy cómodo dentro de la lectura. Resalto a los amigos de instituto de Ada que me recordaron viejos años de colegio, y a los vampiros que dentro de su aire actual tipo "Crepúsculo" tenían un trabajo de fondo importante y que los alejaba levemente de ese pasado oscuro. Ada es una niña con resquicios de ese sentir insufrible que tanto me molesta, pero a la que terminé tolerando y queriendo a pesar de todo; David es un personaje encantador y que espero encontrarme más adelante desenvainando sorpresas a diestra y siniestra; y Verner es un tipo rudo de esos que le dan un toque picante muy necesario a una historia tan calcada a las novelas de vampiros empalagosos que fueron moda hace unos años.

Y es esta parte de rosas, corazones y mariposas en el estómago la que le quitó muchos puntos a la calificación final del libro. La relación de amor que se crea más que instintiva, luce absurdamente apresurada y rebuscada. La construcción de lo que nace entre Ada y Andrew (su maestro de piano y miembro importante dentro del mundo de los vampiros) es poco pulida, muy poco propositiva y tristemente postiza. No es que sea un ogro que no cree en el amor ni mucho menos, sino que la inclusión de este tipo de elementos puede llegar a ser una bomba de tiempo, y creo que en este caso explotó en el lugar equivocado.


En medio de música, algo de sangre, muchos descubrimientos y un preciso toque de acción, nos encontramos con un muy buen final, que se potencia en el soberbio epílogo que deja en punta la lectura y en alto las ganas de continuar con la historia.

Salirse de la zona de confort no es fácil, y mucho menos hacerlo con algo contra lo que tienes tantos prejuicios y reservas. Sin embargo y contra lo que todo aquel que me conozca pueda pensar, la sencillez bajo la que se construye "Los diletantes" me generó una experiencia de lectura amable, afable y agradable. Tengo muchas ganas de saber que le depara el destino a la pequeña y musical Ada :)


No hay que juzgar a un libro por su portada. Lección confirmada.

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