martes, 28 de junio de 2016

El principito y yo

Gracias a Cindy Roa por las fotos
Aún recuerdo como si fuera ayer aquel día que mis papás llegaron con un libro de pasta endeble, pequeño tamaño y pintoresca portada. Un joven de rubia cabellera, traje verde, cinturón rojo y un cielo brillante de fondo, me invitaba a viajar por un universo de asteroides y estrellas luminosas.

La liberación de Francia trajo consigo la liberación de uno de los personajes más significativos de la historia de la literatura universal (y me atrevería a decir que es el más importante). "El principito" aterrizó en nuestro planeta en el abril del año 1943 gracias a la mente prodigiosa de Antoine de Saint-Exupéry quien desde la Tierra no pudo ser testigo de la relevancia que ha cobrado su obra, pero que seguramente lo ha podido notar viajando entre las pequeñinas de puntas doradas que adornan la noche, o por qué no, sentado junto a una rosa en el asteroide B 612.

Junto a este jovencito bastante inteligente y terriblemente brillante para su edad, disfruté de mi primer buen acercamiento a la literatura. Fue una lectura obligada para el colegio, pero el viaje intergaláctico que me proponía me resultó avasallador y en menos de lo que dura un zorro en ser domesticado, ya lo había terminado.

Por aquellos tiempos los viajes por el espacio, la presencia de animalitos, y el papel dominante que termina ejerciendo el principito sobre los adultos, fueron las cosas con las que me quedé de esta obra, cuya enseñanza se forjó en la posibilidad de que podemos encontrar a nuestro mejor amigo, incluso en el lugar y en la persona que menos esperamos.

Los años pasaron y muchas cosas se dieron lugar en mi existencia, pero la huella del principito, aunque pequeña e imperceptible, seguía estando presente.

Casi 5 años después, los libros llegaron a mi vida en forma tímida, y decidí con mis textos académicos empezar a montar mi propia biblioteca; decían muchos que todo hombre debería tener una, así solo tuviera un habitante, entonces me dí a la tarea de arrancar con la mía. Para empezar, mis libros de matemáticas, sociales y biología se hicieron los dueños del diminuto mueble de madera que tenía a mi disposición, relegando un pequeño espacio para las cinco o seis historias sugeridas por mis profesoras de español que hasta ahí habían llegado a mis manos. Pero para mi sorpresa, en una de las mágicas limpiezas que mi mamá hacía en la casa, mi edición del principito había desaparecido. Aquel chico encantador se esfumaba sin siquiera darme una nueva oportunidad. El amor en su máxima expresión.

Llegó el primer beso, la primera materia perdida (religión, por imposible que parezca), las fiestas de quince años, los amigos para toda la vida, el grado de bachillerato, el primer desamor, las primeras sesiones de conocimiento personal, y el primer trabajo por allá a los 15 años cuando me decidí a ser caddie de golf. Cargar esas pesadas bolsas, dejaron más que gotas de sudor y dolor en mis pies. Bien dice el principito que caminando línea recta no puede uno llegar muy lejos. La primera cosa que compré cuando logré ahorrar lo suficiente, fue una estantería color café que me espera cariñosa todos los días. Mi eterna y pequeña gigante.

El tiempo pasó y terminé una carrera, me emborraché por primera vez, perdía algunos amigos y conseguí un par nuevos, descubrí el amor por los mojitos, establecí una relación de amores y odios con mi profesión, y entre muchas otras cosas más, volví a creer en el amor. Aprendí que las apariencias engañan, que crecer no es tan chévere como alguna vez llegué a imaginarme, que debí aprovechar mejor mis años en el colegio (aunque les saque el jugo hasta más no poder), y entre muchas otras, que la felicidad llega de la manera más inesperada. A mis 24 años un grupo de facciones se hizo presente en mi universo y reavivó la llama de un sentimiento que parecía extinto. Mi nivel de lectura por entonces estaba algo por encima del promedio nacional, pero distaba montones del que ahora me acompaña.

A partir de ahí, los libros académicos, las fotocopias de la universidad, y un montón de bobadas que se habían apropiado de mi biblioteca (y de unos cuantos megabytes en mi disco duro), fueron siendo desplazados a espacios más apropiados para ellos, pues la literatura (y unos cuantos muñequitos) había llegado para ganarse el espacio que creo, ocupará por el resto de mis días.

El dinero que invertía en fiestas y alcohol, había quedado perdido y sin destino alguno desde que mi afán por seguir creciendo profesionalmente se hiciera presente. Pero esa situación no duraría mucho.

Los meses pasaban y los espacios vacíos en la biblioteca eran cada vez menos visibles. Horas de aventuras, risas, nostalgia, dolor y mil emociones más se fueron quedando con mis ratos libres, a cambio de experiencias que ni en un millón de años pensé vivir. Pero un día todo cambió. En la navidad del 2014 recibí a un invitado de alas rojas que despertó una necesidad imperiosa por contarle al mundo lo que sentía con lo que leía. Allí nació "Liberando letras". Allí, sin pensarlo, el reencuentro con aquel jovencito de bucles color sol empezaba a maquinarse.

El blog me pedía a gritos alimento y mi billetera fue haciendo caso a sus súplicas. Luego llegaron regalos de amigos y familiares que veían como la literatura había llegado para quedarse. Más tarde algunos premios de concursos le daban más insumo a mis pasiones. Tiempo después mis letras me premiaron y trajeron el apoyo de editoriales. No solo hojas llegaron a mis horas, sino experiencias y mil vivencias que atesoro y cuido como un niño a su rosa ante los vaivenes del sol y la luna.

Un día desperté y la estantería tenía una vecina. Ese par de gordas a quienes tanto quiero me miraban a la vuelta de unos meses suplicantes de una hermana y dos pequeños hijos que llegaron al poco tiempo después. Nuevos libros fueron llegando y los espacios vacíos nuevamente iban desapareciendo.

Era un fin de semana, lo recuerdo muy bien, cuando la pantalla gigante me regaló un viaje en el tiempo que puso mi corazón a latir como pocas veces lo ha hecho. El jovencito de ojos inexpresivos y dueño de un asteroide me saludaba nuevamente. Ese día, las estrellas iluminaron más fuerte que nunca y me mostraron el camino de regreso al principito.

He dejado ir personas que tenían que marcharse, y otras que quizá no supe cuidar. Pero no iba cometer el mismo error con el principito. Desde ese momento lo tomé de la mano y decidí ver las cosas más a su manera. No quiero decir que me haya sometido a sus exigencias ni que me haya convertido en un ente sin capacidad de razonar, sino que su visión de la vida merece mucho la pena, y el devenir de las cosas me ha dejado claro que sus teorías y enseñanzas son muy ciertas.

En la navidad del 2015 decidimos traernos a vivir al zorro, quien tieso y majo se instaló como el señor de mis sueños y el benefactor de mis abrazos. En la navidad del 2015 ese amor casi fraternal e indeleble por aquel risueño jovencito se hizo más grande que la avaricia del empresario y la altivez del vanidoso. Vale decir que el amor no es solo aquel que sientes por tu pareja, sino ese sentimiento que inspiran en ti tus padres, tus amigos y las cosas que te llenan de vida. El amor va más allá de un beso y un abrazo. El amor es como ese elefante que ante los ojos del ciego es un simple sombrero.

Hoy que miro mis estanterías atestadas de historias, de recuerdos y de alegrías, noto como en cada una de ellas, siempre ha estado presente el principito. El no solo es el guardián de mi biblioteca (pues los varios ejemplares que tengo de la obra que cuenta sus aventuras cuidan desde las alturas a sus compañeros de tinta y papel), sino la primera llamada a mi puerta que dio el mundo de la literatura.

Hoy que miro mis estanterías me doy cuenta que desde pequeño he robado muchas cosas del principito, aunque algunas se tardaron mucho en aparecer y otras aún no las he podido encontrar. Soy un alma vieja como muchos dicen, hablo y escribo con palabras adornadas como algunos otros aseveran, y miró la vida no de una manera tan loca como lo hacen mis contemporáneos.

Mi cabello no es rubio y no tengo ropa verde, pero creo que de a poco y con ayuda de una rosa y un peludo cuadrúpedo, he aprendido a valorar muchas cosas que la mayoría deja de lado y a entender que la vida es más bella si tenemos siempre a la mano los anteojos de la niñez.

9 comentarios:

  1. Hola, Esteban! Me emocionó tu escrito sobre el Principito y tu vida, hermoso, de verdad.
    Creo que esa pequeña historia marcó la vida de muchos de nosotros, pero que quizá en su momento no nos dimos cuenta.
    Amo las ediciones que tenes ♥ las quiero todas! jaja yo solo tengo una común y corriente, chiquita y de papel blando, también tengo una en francés, como debe ser, jeje, pero espero algún día poder sumar a mi biblioteca muchas ediciones bonitas.

    Besos y espero verte de nuevo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Malena :)

      No sabes lo que daría por conservar esa primera edición del principito de la que hablas. Espero que donde esté, si es que aún existe, tenga una buena vida :(

      La edición que está con el cielo de fondo viene español-francés, es JODIDAMENTE preciosa y encantadora.

      Espero verte pronto también y poder sentarnos con un mate a hablar de la vida y de los libros :)

      Un fuerte abrazo :)

      Eliminar
  2. hola Esteban, que hermosa forma de relatar lo que puede ser un libro en tu vida, no es solo un libro es todo el significado que le des a una obra lo que importa, excelente y me dieron ganas de tener a ese niño rubio de lindos ojos en mi librero también.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eliana :)

      Muchas gracias por tus palabras. No llegas a imaginarte cuánto aprecio a ese pequeñín de bucles endiablados como el sol. Tienes que tenerlo en tus estanterías también.

      Gracias por pasarte por aquí :)

      Eliminar
  3. Una entrada muy emotiva Esteban :) Yo también tengo una historia particular con ese pequeño que en mi niñez no lograba apreciar , tal vez suene descabellado para los amantes de los libros, pero mi edición del principito(De las normalitas XD) la regalé a principios de año a una amiga cómo regalo de despedida(ya que ella no había tenido encuentro alguno con ese maravilloso libro) decidí que sería una forma peculiar de darle vuelo al principito, de ahí que yo me quedé con otra edición (también viejita y maltratada) que tenía mi hermano y que ya no quería.
    Espero poder tener más ediciones hermosas cómo las presentadas aquí y seguir descifrando nuevos acontecimientos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tania :)

      No sabes cuanto daría por tener conmigo esa edición de las normalitas :( Es de los pocos malos recuerdos que el principito me ha dejado. Me encanta que el principito haya vuelto a tocar tu puerta, es un niño muy insitente.

      Gracias por pasarte por aquí :)

      Eliminar
  4. Una entrada definitivamente sincera y hermosa, cada vez mejor don Esteban.

    ResponderEliminar
  5. Muy emotivo tu relato Esteban, tienes mucha razón en la descripción de el libro , y le sumas lo especial que es para ti . Cada uno
    Comparte cierta identificación con el principito , por todas las enseñanzas y valores que se transmiten . Y tus ejemplares son un tesoro .

    ResponderEliminar