martes, 31 de mayo de 2016

Una vuelta por la ciudad de los libros


En cuanto me enteré de la visita de Rick Yancey, el autor de la trilogía "La quinta ola" a Argentina, los planes de vacaciones quedaron definidos, los tiquetes no tardaron en ser facturados, y las maletas se desempolvaron de inmediato. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires era el camino a seguir.

Luego de mucha espera, un café y un sándwich acompañaron la eterna madrugada que precedió el vuelo de conexión a Perú, en donde despelucado, hambriento y muerto de sueño, me monté en el avión que horas después aterrizó en las pistas del Aeropuerto de Ezeiza. Al fin había llegado a mi destino.

El pop rock amenizó el trayecto en un taxi con ruta de $120.000 pesos colombianos hacia un hotel en plenas inmediaciones de la Plaza del Congreso, lugar al que desde el primer vistazo bauticé como el Capitolio argentino, aunque en medio de las protestas y manifestaciones pacíficas y valederas que adornaron mi estadía en la ciudad, no tuve la oportunidad ni siquiera de ver de lejos al presidente Snow.



El día que decidí ir a conocer "El Ateneo", la segunda librería más linda del globo terráqueo, me encontré con calles plagadas de historias, con esquinas minadas de letras, con aceras infestadas de mundos y con lugares en donde la vida cobraba un sentido diferente. Un día alguien me dijo que en Bueno Aires hay más librerías que panaderías, y dudo que esta aseveración esté equivocada.

En el subte, en el tren, en los parques, en las cafeterías, en las plazas y en el lugar menos esperado, te encuentras gente con un libro en la mano. Ya sean las principales novedades editoriales, libros de culto, clásicos de toda la vida o pequeños olvidados por un mercado depredador, en las librerías de Buenos Aires puedes encontrar lo que te imagines. No importa el sexo, la religión, la clase social o la inclinación política, hay libros para todos. Aquí en Colombia te encuentras con contadas vallas publicitarias destinadas para promocionar libros, pero en Argentina el asunto es muy distinto, pues los libros parecen perseguirte al lugar que decidas ir.



Volviendo a mi visita a "El Ateneo", es poco lo que puedo mencionar, pues este es uno de esos lugares que te dejan con la boca cerrada y los ojos abiertos. La majestuosidad que la impregna, la suntuosidad que la reviste y el silencio que la caracteriza, hacen de esta librería un sitio turístico de obligada visita en la capital mundial del libro del año 2011. Además de todo, el lugar cuenta con una oferta musical y cinematográfica interesante, así como con una muestra de arte permanente que le otorgan un aire diferencial y único. Puedes tomarte un café, quizá comer algo, charlar con sus amables y conocedores libreros, y por qué no, hacerse a un nuevo amigo entre ese océano literario.

Pero si "El Ateneo" me dejó con una sonrisa en el rostro, lo que me encontré de regreso al hotel me movió todas las fibras. En medio de la cantidad de hoteles para nuestros amigos compuestos de puntos e historias, las casualidades de la vida me llevaron a hacer check-in y enamorarme perdidamente de uno de ellos. "El Glyptodón" tiene un no sé qué en no sé dónde que te transporta en el tiempo, te atrapa por completo y hace latir tu corazón a mil por segundo. Paredes cubiertas de libros adultos, en donde el amarillo predomina y el aroma a sabiduría cubre cualquier rincón, le dan a este lugar una atmósfera inigualable. No puedo explicar lo que viví en esos 30 minutos de recorrido, en medio de hojas experimentadas, con dedicatorias sorpresas, y con una librera sumamente amable que sirvió de guía en mi travesía por ese mágico lugar. Un rato inolvidable.

Entre caminatas interminables, fotos por doquier, comida a raudales y cantidades navegables de cerveza, vino tinto y coca cola, uno de los momentos que más aguardé, al fin llegaba. Aún no me explico cómo el taxi resistió cargar con una maleta repleta de libros y un corazón hinchado de emoción hasta las instalaciones de la Editorial Del Nuevo Extremo, la cual es la encargada de traer al mundo muchos de los títulos que en Colombia distribuye Ediciones Urano.

La encantadora, altísima y sumamente amable Vanesa Florio nos recibió con un abrazo de esos que se atesoran de por vida, y nos dio la bienvenida a un encuentro imborrable. A la izquierda Perú, a la derecha Chile, y frente a mí Argentina. Bloggers y booktubers de distintos lugares del continente reunidos frente a galletas, dulces y gaseosa, en medio de estanterías que me quería llevar en mi equipaje ya suplicante de descanso, y unidos por un solo mensaje. Es increíble todo lo que los libros pueden llegar a generar, todo lo que la literatura puede crear, y todo lo que tengo que agradecer a ese día en que terminé de leer "Amanecer rojo" de Pierce Brown y decidí contarle a quien quisiera lo que pensaba al respecto.

De un momento a otro, una pequeña señorita de labios de fuego y blazer azul, abrió la puerta y entre la multitud de rostros, me encontró y me regaló una sonrisa de esas que alegran para siempre. Minutos después me encontraba con una torre esperando por ser autografiada, con los nervios a flor de piel y con la emoción desmedida que da el conocer a alguien a quien aprecias y admiras. Frente a mí tenía a Romina Russell, la autora de la saga "Zodíaco"Aún no dimensiono la cantidad de pendejadas que dije en esos minutos en donde más que lector y escritora, me sentí en un espacio en donde estaban dos amigos hablando de la vida y celebrando un encuentro. Sin duda alguna, de los ratos más increíbles en estos 25 años de carrera.

Con una "Estrella errante" de más en la mochila, tomé rumbo a la siguiente parada. La Rural me esperaba para ser parte de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Un espacio inmenso, en donde Snoopy daba la bienvenida a todos los asistentes, sería mi hogar por ese fin de semana. Entre el viernes y el lunes, viví una experiencia sin igual.



Algo que me gustó muchísimo dentro de la logística que maneja la feria, son los cupones de descuento que te entregan por el simple hecho comprar tus entradas (no sé si solo funcione con aquellas adquiridas por internet), y por la magnífica idea del chequelibro. Que te reembolsen el dinero de tus entradas por créditos efectivos para comprar libros, no tiene precio.

Caminando por pasillos amplios y amables de cara a la relación que debe generarse entre el demandante y la oferta, me hallé frente a stands imponentes, libros a los que hace rato les estaba siguiendo la pista, y precios que mataron mi ilusión de poner mi tarjeta de crédito en rojo. 

En un abrir y cerrar de ojos, estaba de haciendo una fila ordenada como no veía hace mucho, en la que al final un sonriente y carismático personaje esperaba con un bolígrafo para dejar su huella en mi libro. Le hablé un poco de mi país, y entre el estricto sistema de seguridad, logré robarle una foto a quién era el causante de mi viaje por tierras argentinas. Un mar infinito de emoción.

En esos días tuve la oportunidad de conocer una mente visionaria, iluminada y con ideas claras. Cristina Alemany es la encargada de toda la movida juvenil dentro de la FILBA, y vaya buen trabajo el que realiza. El mundo se mueve, y si no nos movemos con él, buen viento amigo mío.

En el lapso de vida de la FILBA, bloggers, booktubers y bookstagramers (si, todos tenían un tiempo en la agenda) se dieron lugar para mostrarle al mundo que todo es dinámico, que lo que ayer fue, quizá hoy no lo sea, y que las nuevas generaciones están ávidas de nuevas formas de interacción con lo que les gusta. Si bien la manera en que los dos eventos a los que asistí (el de bloggers y el de booktubers) distaron mucho de lo que esperaba y me decepcionaron en cierta parte (uno en donde el foco de atención eran los autores invitados y el otro un conversatorio interminable y algo repetitivo), es de aplaudir la generación de este tipo de espacios por parte de un escenario de tal magnitud, que seguramente con el tiempo y la madurez irán creciendo y haciéndose más y más importantes. Grossa Cris, necesitamos más personas como tú.



En los mencionados encuentros y en todo lo que de ello devino, conocí voces, caras, historias y letras que se mantendrán en pie aún si el alzheimer decide visitarme. Muchas gracias a Vanesa Florio por su amabilidad, por su sonrisa, por su profesionalismo y por abrirle las puertas a un colombiano comelibros; muchas gracias a Romina Russell por ser quien es, por el amor a quienes la leemos, por la pasión por su trabajo, y por la alegría que difunde en el ambiente cada vez que sonríe; muchas gracias a Candela y Agustín Sohn (Los Librothers) por engañarme con sus edades y por mostrarme que a los jóvenes sí les importa su futuro y están dispuestos a trabajar por él (grande Agustín); muchas gracias a Laly, Piero y Alejandro (perdón por robarme tu foto) por la amabilidad, la buena onda y el intercambio cultural; muchas gracias a Sil Quintana por su buena memoria y por ese ángel tan lindo que lleva consigo (también, perdón por robarme tu foto); muchas gracias a Cristina Alemany por dentro de todo el ajetreo, abrirme las puertas de su feria, eres una anfitriona de lujo; muchas gracias a Sol Funes... mujer, sos lo más bello y especial de este planeta, jamás dejes de sonreír; muchas gracias a Oriana por darme uno de los momentos más chéveres que han desencadenado el haber abierto este blog, me llenaste de felicidad (y sí, perdón por robarme tu foto); muchas gracias a Malena Krueger por hacerme mala cara y al otro día recibirme con un abrazo jajaja, esta anécdota la enmarcaré por la eternidad.


MUCHAS GRACIAS a Angie Figueroa e Ignacio Rebolledo por ser mis compañeros de ruta, por los minutos al ritmo de la calculadora, por el léxico confuso y los divertidísimos malentendidos idiomáticos, por ser parte de mi caminata a media noche por una ciudad desconocida (ya podemos marcar el check de perdidos en Buenos Aires), por hacerme tomar vodka a las 11 de la mañana, por ser un contraste memorable de una país que muero por conocer, por abrirme las puertas de su ser habiéndonos conocido hace apenas unas horas, y por todas las demás cosas que no vale la pena traer a colación, pero llevaré bien guardadas en la memoria, los quiero mucho; muchas gracias a Juliana Zapata por mucho de lo anterior, por abrirme las puertas de su ciudad, por darme la oportunidad de conocerla, puede que no compartamos opiniones en muchas aspectos, pero la buena onda es lo que vale y lo que queda (vamos a romper la FilBo 2017); gracias infinitas a Javier Rodríguez por decidirse a vivir esta aventura conmigo, por soportarme, por ser el camarógrafo elegido, y por estar siempre ahí, gracias por tanto y por lo que sigue; y muchas gracias a los que se me pasan en este momento (perdonen mi pésima memoria, por favor), pero que con una simple sonrisa y un inolvidable abrazo, hicieron de esta una experiencia indeleble y memorable.



Cuando menos lo noté, un taxi a 40 kilómetros por hora atravesaba la calle 26 de la ciudad de Bogotá, la cual a pesar de los contrastes vividos en el viaje, que en la mayoría de casos le jugaron en contra, extrañaba con todas las fuerzas. A mi lado reposaban maletas al límite de su capacidad, una memoria SD cargada de imágenes, un mar de libros que fueron mi compañía, y un océano de vivencias de esas que te marcan y que te definen. Gracias totales a la ciudad de los libros por ser mi hogar de paso. Nos vemos muy pronto.



6 comentarios:

  1. Madre mía qué suerte tienes de haber podido ir>..<

    Un beso:D

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    1. Victoria :)

      Fue una experiencia única e inolvidable, ojalá pueda repetirla en un futuro.

      Un fuerte abrazo y gracias por pasarte por aquí :)

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  2. Me encantó!!! Que lindo que te haya gustado Argentina, espero vuelvas para el próximo año!

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    1. Luca :)

      Muchas gracias por tus palabras. Espero volver muy pronto, Buenos Aires es una ciudad que enamora.

      Un abrazo y gracias por pasarte por aquí :)

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  3. Hace casi UNA SEMANA que quería sentarme tranquila a leer toda esta hermosa entrada que recorrí por encima cuando nomás la publicaste.

    Me alegra enormemente que hayas disfrutado tanto de nuestra ciudad y, sobre todo, de tu visita en épocas de FIL. Te habrás dado cuenta lo chiflados que estamos y lo mucho que la lectura contribuye a esa causa, jajaja.

    Con tus palabras, me hiciste sentir orgullosa de lo que tenemos acá. A veces la vorágine del día a día y los sinsabores empañan un poco esos pequeños instantes de felicidad que nos permite disfrutar nuestra ciudad si se lo permitimos.

    La reunión en Del Nuevo Extremo es una de las cosas más lindas que me guardo de estos días. El haberlos conocido y haberme reído tanto con cada ocurrencia, con las cuestiones idiomáticas y los gritos que rompieron con la rutina de la editorial (todo para conocer a una autora divina), no tiene precio.

    Un millón de gracias por tus palabras, por tu cariño y por ese amor literario desbordante, que te trajo a Argentina y nos permitió conocerte.

    Un besote enorme enorme! Vuelvan pronto!!

    ...~*SIL*~...

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    1. Sil :)

      Gracias totales por la buena onda, la amabilidad, y la sonrisa constante. Eres hermosa :)

      Ojalá nos veamos pronto y un abrazo enorme. Gracias por pasarte por aquí.

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