martes, 24 de mayo de 2016

Reseña: Estrella errante (Zodíaco #2) - Romina Russell

El hombre nunca está contento con lo que tiene; su hambre de conocimiento y exploración lo instan a ir más allá de los límites que sus coterráneos mismos le han impuesto, y encontrar rumbos completamente insospechados. El hombre se mantiene en una búsqueda constante de espacios, sensaciones y momentos que le aporten nuevas experiencias a su lapso de aire y que enriquezcan su bitácora existencial. El hombre elimina las barreras que el mismo se lastra y edifica nuevos horizontes a su camino. El hombre pretende hacer suyo todo lo que toca, y su ansia colonizadora es tal que las fronteras no son un concepto valedero y el espacio sideral es un término alcanzable...

Luego de la sorpresa que significó "Zodíaco" de Romina Russell, los astros conspiraron para que mi universo abriera un sinfín de agujeros no tan negros que me trasladaron a galaxias lejanas en donde vivencias que ni en el Imaginarium soñé que sucedieran, sucedieron. Un encuentro inolvidable, un abrazo imborrable y un plan por cumplir me dejaron, entre otras cosas, al protagonista del día de hoy. La gente de la Editorial Del nuevo extremo nos trae desde Argentina la segunda entrega de la saga "Zodíaco" (distribuida en Colombia por Ediciones Urano): "Estrella errante".


Después de la tormenta viene la calma. Luego de la muerte de Mathias, del ataque del Marad a ciertas zonas del Zodíaco, de los engaños y las tretas de Ocus, y de perder su status dentro de la Casa Cáncer, Rho llega a la Casa Capricornio para buscar tranquilidad, y porqué no, para reencontrarse con ella misma. Pero las estrellas tienen otras cosas marcadas en su camino.

Cuando vi "Zodíaco" en las estanterías de una librería, me quedó la sensación de estar frente a un texto de autoayuda o algo por el estilo. El diseño de portada de "Estrella errante" es el primer gran acierto que encontramos en esta obra, pues desde el acercamiento inicial, cautiva y no deja lugar a dudas respecto de su contenido. Tonos blancos que mutan al azul espacial, guardan dentro de sí mismos a una tímida sirena y a un imponente bovino. Se agradece profundamente el cuidado con el contenido de las solapas, y el incluir "Saga Zodíaco" como detalle distintivo.

Una vez das los primeros pasos por esta segunda estación dentro del metro tetralógico, notas un cambio evidente dentro de la construcción de la historia, y de lo que está pasando con su protagonista. La manera en que Romina Russell presenta a Rho después de todo lo que vivió, resulta sencillamente fascinante. La niña confundida y con buenas intenciones empieza a tener una serie de transformaciones apoyadas por el Marad, por Ocus, por algunos líderes del Zodíaco, por sus amigos, por su familia, por Hysan, por el recuerdo de Mathías, por su pasado, y por ella misma, que se plasman de manera casi inmejorable dentro del papel. La autora confecciona una hoja de ruta para este personaje que se siente muy real, que se teje entre transiciones acertadas, que navega entre un mar de sentimientos y sensaciones bien logrado, y que va tomando forma de manera muy creíble. La canceriana sigue conservando rezagos insoportables, pero ahora cuenta con otros elementos para poner su mano en la mesa.

Pero no solo Rho crece en este libro, sino que el descubrimiento personal se extiende por el resto de personajes. Una guerra deja huellas imborrables en todos la que la viven, ya sea de manera directa o indirecta, y en "Estrella errante" esto es algo que se agradece. Todos, incluyendo al mismísimo Ocus, ven como su camino se tuerce y los lleva a lugares muy diferentes a los que antes de las revueltas tenían en mente. Junto a los ya conocidos Nishi, Deke, Agatha, Lord Neith, Rubidum y Stanton (entre otros), nos abrimos paso por una forma suave pero adecuada a la hora de tratar el instinto, el impulso, y muchas otras expresiones de nuestra humanidad. El libro trae nuevos personajes como Aryll, pero prefiero no extenderme en hablar de ellos, pues no quiero llenarlos de spoilers ni dañarles el viaje espacial.

La ya mencionada búsqueda que emprende Rho, y las intenciones de los demás actores dentro de la historia, son lo que nos permiten deleitarnos con, quizá, el punto más fuerte dentro del trabajo de la autora: la construcción de un mundo. La manera en que Romina Russell se sienta en la silla del creador y aprovecha sus siete días de trabajo, es merecedora de todos los aplausos. Si la luz del sol de Virgo, el magnánimo cielo librano y lo ingenioso del Imaginarium les parecieron increíbles, la autora pone la vara aún más alta, y nos regala un viaje inolvidable y singularmente vívido por otras casas del Zodíaco en donde la extravagancia, los lujos, el costumbrismo y la innovación marcarán la parada. Pero Romina no se queda en construir un gran paisaje, sino que va al detalle y nos regala un universo completo y bien cimentado: medios de transporte, aparatos tecnológicos, equipos de comunicación, prendas de vestir, y muchas otras cosas más no hacen falta dentro de lo que propone este segundo libro, el cual se las arregla para hacer que esta saga se acerque al campo de la ciencia ficción con argumentos necesarios. Bravo genia.

Hay un halo de misterio que recubre este libro de principio a fin, pero quizá sea este el punto que menos me gustó dentro del mismo. No sé si es problema mío o qué, pero en ciertos parajes todo me resultaba demasiado evidente y los misterios no me resultaron nada misteriosos; a pesar de que la narrativa que maneja la historia es bastante atrapante (lo leí en un día y medio), ese toque predecible le restó puntos a mi experiencia con la obra. Además, en muchos otros parajes los dejà vu no se hicieron esperar, pues las situaciones (ojo, las situaciones) ante las que se me estaba poniendo, se me hacían muy (muy) parecidas a otras ya vividas en este basto mundo de la literatura juvenil.

Raudo y sin freno me vi abocado a un tramo final más que emocionante, pero que me dejó sin la cereza del helado, por un cierre que al menos a mí, no me inyectó la necesidad imperante y el nerviosismo enfermizo de tener en mis manos y devorar ipso facto "Luna negra".

Con "Estrella errante" el adjetivo de genia se le queda corto a Romina Russell. Un segundo paso en la saga "Zodíaco" en donde la madurez es el elemento central, en donde la guerra y sus estragos son protagonistas principales, y en donde las lágrimas tienen un lugar asegurado. Un crucero espacial por los recovecos de la mente humana en el cual el amor cobra un valor impresionante, y en donde la confianza se iza en lo más alto. En un espacio de cinco, hubo una estrella errante a la cual espero atrapar en la etapa más oscura de la luna...

Querida Romina, y por supuesto querida Vanessa, espero que el Marad no impida que nos reencontremos, que Ocus se apiade de nuestras almas y que los cañones apunten en el sentido indicado. Todo el amor del mundo para ustedes.



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