miércoles, 9 de marzo de 2016

Reseña: Los de abajo - Mariano Azuela

Las oportunidades hay que aprovecharlas, la unión hace la fuerza, el trabajo en equipo rinde frutos... Estas, entre otras premisas, le han pasado cuenta de cobro a un pueblo como el latinoamericano, el cual desde que recibiera la visita de los señores europeos, ha vivido subyugado por acciones externas, y en mayor proporción por sus propios errores.

Es casi una ley que el pez grande se come al pequeño, pero también hay excepciones a la regla, y en ese libro gigante que para muchos es un derrotero divino y para otros como yo un libro más, nos cuentan la historia del pequeño David, quien contra todo pronóstico logró derrotar al gigante Goliat.




La historia de la que vengo a hablarles el día de hoy nos habla de un momento de la historia latinoamericana que, sin ánimos de parecer pretencioso, cabe y se puede explicar hasta cierto punto en lo que he expuesto en los párrafos anteriores. En esta oportunidad vengo a hablarles de un clásico de la literatura hispanoamericana; nada más ni nada menos que "Los de abajo" de Mariano Azuela. Este pequeño, pero valiosísimo libro llego a mi gracias a la gente del Fondo de Cultura Económica.

Mariano Azuela nos cuenta la historia de Demetrio, un mexicano que por la realidad que atraviesa su nación a causa del orden impuesto por los federales, decide unirse al ejército revolucionario.

Este libro se desarrolla en el primer cuarto del siglo XX, cuando la dictadura impuesta por Porfirio Díaz llega a su punto límite, y luego de un retiro que jamás terminó de cuajar, el letargo del pueblo llegó a su fin. La revolución mexicana estalló y dio paso una manotada de cambios dentro del orden del sistema mexicano que si bien fueron benéficos, no eran los esperados ni la totalidad de los necesarios.


Lo primero a lo que me enfrenté al adentrarme en esta historia fue a un lenguaje propio, sólido y muy ajustado a lo que se estaba narrando. "Los de abajo" es un libro con esencia y que más que buscar contar algo, busca hacer que el lector viva de lleno lo que en sus páginas se va construyendo. Las ñoras, los nixtomaleros, los comevacas, los repicolargos y otros cuantos más, no se esconden debajo del petate, sino que oritita mismo se van mostrando sin tapujos, cargados de chilaquiles y de tequila, para charlar a lo mero mexicano. De veritas, de veritas.

Otro factor que me gustó mucho desde que empecé a desenredar los hilos de esta historia, fue la sutileza con la que estaba escrita y la carga de simbolismos implícita en ella. La pluma de Azuela es delicada, fina, astuta y respetuosa; los personajes y las situaciones en que estos son protagonistas son limpias y muy cuidadas, dicen lo suficiente sin necesidad de gritarlo, se revelan por completo sin tener que desnudarse, y me permitieron hacerme partícipe de todo, pues no exageraban en explicaciones, sino que me dejaban espacio de acción e interacción.

Si bien el lenguaje tan propio de la época y del lugar me dificultaron por momentos avanzar a la velocidad que quería, navegar por este libro fue una travesía agradable, dura por supuesto y diciente en todo el sentido de la palabra, pero muy amena. Es una tarea difícil contar una historia en donde desde el principio ya sabes como acabará todo (la revolución mexicana ya terminó y eso ya está escrito), pero Azuela logró llevarme por cada una de las latitudes que componen la campana de Gauss en que resulta convertida esta historia.


Otro de los factores encantadores en este libro, fueron los encargados de narrar lo que iba sucediendo. La dulce Camila, el magnánimo Luis Cervantes, la avezada Pintada y el importante e irrelevante Demetrio, entre muchos otros, hicieron de esta lectura una experiencia inolvidable. Cada uno de estos personifica de manera perfecta los diferentes roles que pueden verse no solo en la revolución mexicana o en cualquier otro conflicto de esa índole (como por ejemplo los años de la violencia en Colombia y la oportunidad tremenda que tenemos actualmente de dar un paso hacia la paz), sino en nuestro día a día, en donde el bueno es menospreciado y utilizado, el avivato es rey y señor, y el ingenuo con poder termina haciendo desastres.

En medio de escenarios maravillosos, diálogos muy terrenales, aprendizaje por un lado y lecciones por el otro, llegué a un final preciso, un poco acelerado y en cierto modo insulso, pero al igual que toda la obra, muy sutil y preciso.

Además de lo ya dicho, debo que agregar que tengo un aprecio hacia esta obra que va más allá del que un lector puede sentir por un libro bien elaborado, genialmente descriptivo y lamentablemente real; gracias a "Los de abajo" tuve la oportunidad de participar por primera como ponente, por decirlo de algún modo, en un conversatorio orientado en lo que a libros se refiere. Agradezco a Mario Jursich, Katherin Velandia y Nicolás Leyton por la charla, a Julián González de B2 Rolo por tenerme en cuenta, y al Fondo de Cultura Económica por abrir este tipo de espacios y por seguir confiando en la capacidad que tenemos los jóvenes entablar conversaciones serias, de hablar con argumentos, y de aportar a la escena de la literatura en Colombia.

"Los de abajo" de Mariano Azuela es un libro al que en verdad vale la pena ponerle el adjetivo de necesario, un texto profundo y ejemplificante, un reflejo triste de nuestros mil intentos y nuestro mil y un fracasos. Un clásico para la posteridad que no esperaba y que jamás busqué, pero agradezco haber encontrado.



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