martes, 29 de marzo de 2016

Reseña: Corte final - Jaime Echeverri

Un estridente sonido revolotea por las paredes de la casa mientras huyes despavorido de la ducha luego de un baño de gato, pues nuevamente el despertador no fue lo suficientemente hábil para despertarte a tiempo. Alguien toca la puerta insistentemente.

Luego del respectivo "¡MAMÁ, DÍGALE QUE YA SALGO!", con una toalla en la cintura te ves inmerso en una contrarreloj para encajar en lo primero que encuentres, meter tu agenda y la entrega del día en la mochila, y continuar con un nuevo tramo hacia la mesa del desayuno en donde mamá con su rostro de reprobación y tu amigo muerto de la risa esperan mientras succionas el desayuno. El afán hace que el enjuague bucal sea tu aliado, y luego de un beso fugaz, partes con rumbo a la universidad.

Entre afanes y risas recorres las calles que te vieron crecer, saludas a los vecinos de toda la vida, acaricias la cabeza del perro de la cuadra, te burlas del letrero "Viejo cochino" en el carro sucio del señor de la esquina, hasta que al fin llegas a la avenida en donde muchos esperan la llegada de un bus multicolor que los lleve a toda prisa por entre trancones y calles ansiosas de afecto hacia su destino.

Parque Caldas. Tomado de tripadvisor.es
Logras subir al bus y milagrosamente hay un par de sillas vacías, así que con Candela o Radio Uno de fondo, inicias tu camino hacia la universidad. Frente a ti algunos zombies se aferran a un teléfono, y por la ventana se avistan muros minados de graffitis, niños con maletas más grandes que ellos mismos de la mano de sus abuelas, edificaciones inmensas que hace años no existían, y otras cuantas que están en proceso de crecimiento tratando de quedarse con la mejor vista hacia los cerros de la ciudad.

Tu amigo toca el timbre y en plena 19 con 5a, y tras un sol recién despertando, Monserrate y Guadalupe son testigos de los cinco minutos finales de la carrera; llega la hora del premio de montaña. Con la frente sudorosa, el rostro como tomate y el sistema al borde del colapso, transitas un pasadizo de cultura, tertulias y perversiones en donde el suelo cuenta historias y las paredes pintan la vida, y cuando menos te lo esperas tienes frente a ti la meta. Siendo las siete y tres minutos de la mañana tomas una bocanada de aire y miras a tu amigo: el profesor aún no ha llegado.

El preámbulo que he preparado en esta ocasión puede parecer demasiado extenso, pero lo considero pertinente para el libro del que vengo a hablarles en esta oportunidad. El protagonista del día de hoy llego a mi biblioteca ya mi vida de la mano de la tarea que me propuse de leer y dar a conocer desde este espacio a muchos autores nacionales y editoriales independientes colombianas sin muchos dolientes aparentes. El invitado del día de hoy es "Corte final" de Jaime Echeverri, bajo el sello de la Editorial de la Universidad de Caldas.



¿Por qué me decidí a leer este libro? 1. El prólogo de Juan Manuel Roca, que es usado como sinopsis para esta novela, es sencillamente exquisito y sutilmente complejo. Leer, digerir, volver a leer, nutrirse, y disfrutar. 2. ¿Acaso no es una jodida obra de arte el diseño de de portada que se eligió? "La noche estrellada" de Van Gogh se hace presente como el preámbulo perfecto para lo que estamos por encontrarnos. Además de esto, el material de la cubierta, los detalles de edición en la solapa, así como un bellísimo regalo antes de devolver el libro a la estantería, son gestos totalmente acertados.

"Corte final" en menos de 100 páginas nos cuenta la historia de Néstor, un hombre que luego de una serie de sucesos que resquebrajaron por completo su vida decide salir de Manizales, su ciudad natal para jamás volver. Pero el tiempo es travieso y las circunstancias juguetonas, así que años después y ante la muerte de su madre, Néstor toma un vuelo de regreso a la tierra que tanto desprecio le genera. "Corte final" en contadas 100 páginas logra lo que mamotretos enormes y pesados ni siquiera acarician.

Catedral de las Lajas. Tomado de wikipedia.org
En este breve viaje de contados kilómetros, somos testigos de un estilo narrativo poderoso, sobrio, delicado y muy certero. Echeverri en pocas palabras y con descripciones abrumadoras te transporta de lleno y te hace partícipe de la historia. Cuando menos te los esperas el sofá de la sala de tu casa se transforma en una silla en pleno Parque Caldas, en donde los puestos de golosinas están a la orden del día. De repente la 23 y la Olaya terminan siendo el camino que desemboca en la Catedral de las Lajas, en donde la neblina te absorbe por completo y te impide despegarte del libro.

Esta novela se escapa de la bala y del narcotráfico, y apuesta por abordar problemáticas sociales muy arraigadas a nuestro país, y a la sociedad en general. El resentimiento, el machismo, el interés por la vida de los demás, la necesidad del mal ajeno, la superposición de las apariencias, entre algunos otro tópicos, van teniendo lugar en esta relato lleno de sensaciones y sentimientos, en donde una ciudad es la principal testigo. Muchas veces pensamos que lo que más nos agobia son esas cosas que se nos pintan como inmensas, pero los pequeños detalles y las pequeñas acciones suman y restan más de lo podemos imaginarnos.

Néstor es la voz principal de este libro, y aunque de ello no hay duda, dentro de su relato incorpora una serie de personajes que aterrizan las mencionadas problemáticas a un contexto cercano y por decirlo de algún modo, más agradable. No me extenderé en nombres, solo les digo que nuestro interlocutor los hace clave importante dentro de su historia.

Manizales es la musa de una historia ligera, encantadora, veloz y sin desperdicios. "Corte final" es uno de esos libros que no pueden hacer más sino dejarte con una satisfacción inquebrantable. Jaime Echeverri es el instructor indicado para mostrarnos que lo cotidiano puede ser extraordinario, y que nuestra corriente vida puede ser inspiración de algo gigantesco. La reseña que he preparado puede parecer demasiado extensa, pero la considero pertinente para el libro del que les he hablado en esta oportunidad.

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