jueves, 17 de septiembre de 2015

Reseña: Niebla al mediodía - Tomás González

Hay amores que nos transportan a lugares insospechados, nos revuelven las entrañas y nos matan poco a poco; hay otros que despiertan elementos que creíamos muertos, que encuentran cosas que parecían extraviadas, que recuperan  partes que creíamos perdidas; hay algunos que nos hacen crecer, nos transforman, nos empujan y nos hacen ver el mundo de otro color; también los hay eternos, como el de una madre por sus hijos, tan puros como la sonrisa de un niño, tan inexplicables como la alegría en medio de la miseria, tan nobles como un abrazo en medio de la guerra, tan gratos como una copa de vino en una noche en el desierto... Es el amor el que hace que nuestras piernas tiemblen, que nuestras manos suden, que la idiotez en nuestra sonrisa pase desapercibida, que abramos nuestro estómago a millones de alas, que palpite nuestro ser sin analogía posible, que construyamos mil castillos y destruyamos otros cuantos, que gritemos sin mucho sentido, o que callemos con mucha razón... Vaya maravilla es el amor.

El libro del que quiero hablarles en esta ocasión llegó a mí gracias al mega descuento de la gente de Penguin Random House en la Feria Internacional del Libro de Bogotá en este 2015. Hoy quiero presentarles a uno de los escritores más ilustres que este patria boba ha dado luz, y a su último experimento; hoy quiero presentarles a Tomás González y su "Niebla al mediodía"

Esta obra nos pasea por escenarios deslumbrantes alrededor del mundo y situaciones al límite para contarnos la historia de amor de Julia y Raúl, una historia entre dos polos opuestos que cierra sus puertas con un hombre desolado y una mujer desaparecida.

Desde que abrí el libro y escuché la voz de Raúl, pude darme cuenta que la pluma de Tomás González es algo del otro mundo. La delicadeza de sus letras, la exactitud de su prosa, la ligereza de sus complejidades, la finura de sus palabras, la riqueza de sus párrafos, los requiebres de sus giros, la galantería de sus aperturas y la astucia de sus cierres, hicieron que mi paso por la vida de quienes me narraron esta historia fuera una experiencia  tan desgarradora como encantadora en todo el sentido de la palabra.

Esas voces que sin reparo abrieron su alma y dejaron salir todo lo que sentían, son uno de los puntos que más me gustaron en todo esto. Conocer a una histriónica y egocentríca Julia en medio de besos ante la Estatua de la libertad y ofuscaciones ante el paraíso soñado hecho un infierno verde; charlar con un luchador y visionario Raúl, un Romeo con su veneno incluido y con mil batallas encima; reírme y reflexionar con Raquel y Aleja, hermana y amiga respectivamente de los protagonistas de este cuento de hadas con un final que conocemos con solo leer la síntesis. Además de estos líderes, hay caminantes como el enigmático Humberto y la fascinante e inocente Sonia, que dentro de las sombras abren luz a todos los secretos que se van tejiendo con el contar de los caracteres.


Tomado de: www.semana.com 


Los lugares en que esta novela toman forma son realmente fascinantes, y esto se da, gracias a lo detallada que resulta la narrativa de González, pues su descripción es tan precisa que en realidad me sentí caminando por puentes de guadua ante un cielo terrenal bañado por la lluvia y el dolor de lo que se iba con ella. Sin embargo, es ese sentido detallista lo que me llevó a hacer desconexión con la historia en varias ocasiones, pues si bien lo sentí adecuado en la forma, en el fondo de la historia me resultó algo exagerado y molesto; me sentí subestimado por el autor en ciertos parajes. No todo puede ser perfecto.

En este libro que dentro de sus enigmas se descubre desde el principio, me encontré con una oración a la vida, un rezo a lo que somos como personas y todo lo que podemos llegar a generar, un espejo de nuestros errores y aciertos ante esa vaina bonita y jodidamente loca que resulta ser el amor.

Para despedirme, quiero dejarles una lista de canciones que me ayudaron a recordar lo que viví con este libro, que me hicieron sentir y revivir las huellas que ha dejado el amor en mi camino. Aquí sentado, con libreta de apuntes frente al computador, hice mi banda sonora para un mediodía en medio de la neblina... Vaya maravilla que es el amor.


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