viernes, 23 de marzo de 2012

El salto

Tanto tiempo esperando el momento,
en que al fin pueda decirte lo que siento,
pasar por encima de mil miedos
y frente a tu puerta abrir el cerrojo al sentimiento.

Cuantas veces parpadeas diariamente,
el tipo de música que tus oídos no resienten,
la comida favorita y el lugar que te divierte,
la canción que repites sin descanso hasta en tu mente;
el disco en que enloqueces cada viernes,
la película en que lágrimas inviertes,
la ropa amarilla que socava tu mesada,
conozco hasta el talle de zapatos de tu hermana.

Te conozco descalza y en pijama,
he padecido el mal aliento en las mañanas,
el nefasto humor dueño de ti vez por semana,
la marca de cereal que tu desayuno acompaña.

No seré el hombre que provoca tu desvelo,
quizá ni el príncipe que invocas en tus sueños,
pero acaso no te das cuenta a cada momento
que entregaría por tu sonrisa lo que tengo,
que mi respiración va al ritmo de tus pasos,
mi motricidad desaparece con un abrazo,
mi paciencia se termina con tu tristeza,
que las escrituras de mi vida tienen tu firma impresa.

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